Víctor Humareda, a pinceladas le dio voz a los inmigrantes

Eterno apóstol del arte, era hijo del ande y estableció su propio estilo.
19 Noviembre, 2022
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En unos pocos días se va a recordar los 36 años de la partida de Víctor Humareda, el pintor puneño nacido en Lampa que alcanzó con su arte la máxima expresiones de la plástica peruana. Era todo un personaje que vivía en un cuarto del hotel cerca de Gamarra, cuyo cuarto que habitó hasta su muerte estaba lleno de cuadros y de su infaltable póster de Marilyn Monroe.

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Era un verdadero apóstol del arte que con su pincel de los marginales que llegaban a esa zona de La Victoria, cerca de lo que entonces era el Mercado de Mayorista. Cada mañana se cruzaba con obreros migrantes, prostitutas y los ambulantes.

En sus lienzos volcaba un caudal de colores emocionantes. Pese a ello y para mantenerse en el circuito artístico aprendió a posar para periodistas y fotógrafos, con un rostro extravagante, el andar chaplinesco, el sombrero de bombín, los ternos desmedidos adquiridos en Tacora.

Si bien ingresó en 1939 a la Escuela de Bellas Artes, debió dejarlo por falta de dinero. Años después pudo terminarlo en 1946. Incluso ganó una beca para Buenos Aires, pero no pudo emplearla sino años después.

En 1966 viajó a Europa. Ahí conoció a uno de los grandes artistas como él, Pablo Picasso. De su fugaz aventura europea solo quedaría un apretón de manos con Picasso y una frase “Me voy a Tacora. ¡Tacora es mejor que París!”.

En la construcción del artista puede sentirse la huella –en personajes, de espacios, de énfasis– de Picasso, Renoir, Toulouss Lautrec. Pero al final del camino está Humareda quien hizo su propio estilo.

El 16 de noviembre de 1986 Humareda empezó a pintar la que sería su última obra: La Quinta Heeren de noche, por encargo del Banco Central de Reserva. Lo terminó el día 18 y al día siguiente sufrió una hemorragia nasal, causada por las emanaciones de sus óleos y el cáncer que lo minaba y por la cual perdió la voz.

Falleció dos días después el 21 de noviembre de 1986, recibiendo homenajes tanto en la Escuela Nacional de Bellas Artes como en el mismo Cementerio Presbítero Maestro.

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