OPINIÓN | Víctor López: “Metamorfosis política”

"Perú tiene más partidos políticos reconocidos que ninguna otra nación de Latinoamérica, que le hacen mucho daño a la política y a la gobernabilidad".
30 Noviembre, 2020
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Seguro que el gran Kafka no pensó en el Perú, para escribir esa joya universal de la literatura que es La Metamorfosis. Pero en el país, a partir de fujimontesinismo, o sea hace alrededor de tres décadas hasta ahora, que el escenario político y gubernamental está caracterizado por la constante y amplia mudanza partidaria (que antes era ínfima) de una organización a otra con suma facilidad.



Las identidades ideológicas, políticas y programáticas son leves. Los compromisos con los intereses, aspiraciones y expectativas de los electores son pasajeros. No hay principios ni valores éticos y morales. No hay políticos y partidos como antes.

El escenario público está marcado por el transfuguismo de toda laya, motivado por los exclusivos intereses privados, aunados a los beneficios familiares, amicales, grupales, empresariales. Nunca fundamentados por ideas e ideales. Es la pura rentabilidad personal la que determina la transfiguración. En su mayoría, los desertores son “los nuevos militantes” que integran los “emergentes partidos”; que aparecieron precisamente “como la superación de los anteriores”. Aquellos que se proclamaron como los representantes de “la nueva forma de hacer política”. Que no tienen historia, ni tradición. Que aparecen y desaparecen sin dejar ningún legado trascendente. Solamente aves de paso. Son mucho peores que los antiguos. Que lucharon por la libertad y la democracia que hoy tenemos y que hay que mejorar; pero nunca perder. Que ocurriría si las izquierdas marxistas siguen copando el poder.


En los denostados partidos denominados tradicionales, como el APRA, sí existen fundamentos históricos y doctrinarios, de vida partidaria y militancia compartida, de trabajo y lucha conjunta por las causas más nobles de la humanidad, contra las dictaduras y tiranías. Por eso, es raro que haya desertores o traidores. A lo más, comprensibles y hasta respetables disidentes por ideas o posiciones, que se van, discrepando con basamentos, a continuar con sus pensamientos y acciones. Pero casi nunca se retiran o renuncian por provecho individual. Los tránsfugas son de las organizaciones emergentes.

Perú tiene más partidos políticos reconocidos que ninguna otra nación de Latinoamérica, que le hacen mucho daño a la política y a la gobernabilidad. La mayoría legales, pero no reales. Creados por clanes familiares, grupales, empresariales para defender o proteger sus intereses y posiciones dominantes en el mercado. O para protegerse con la inmunidad que le permita la correspondiente impunidad. Es el caso de varios, entre ellos el recientemente vacado presidente Vizcarra que ya declaró que va a ser cabeza de lista por Lima. Su caso es realmente increíble, porque una vez más pone en evidencia su entraña miserable de engaño, falsedad, mentira. Nadie como él denostó tanto al Congreso que utilizó para conseguir aprobación popular e inmerecida legitimidad. Y los acusó de tener investigaciones y procesos. Él tiene mucho más que cualquier otro. Seguro que será elegido. Cuenta con el apoyo de los medios y periodistas que benefició. Y con sus amigotes y protegidos en el poder. Y electores que eligen mal.