OPINIÓN | Víctor López García: “País, partidos, liderazgo, gobernabilidad”

"Con una inconcebible identidad inconclusa como nación y república. Donde sigue vigente la frase poética filosófica de Vallejo ('hay, hermanos, mucho por hacer')."
10 Agosto, 2020
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Somos un país bendecido por DIOS con enormes riquezas naturales, que aún no han sido explotadas como corresponde en beneficio de la sociedad diversa y plural que conformamos; en el marco de una economía que articula formalidad con informalidad, legalidad con ilegalidad.



Con una inconcebible identidad inconclusa como nación y república. Donde sigue vigente la frase poética filosófica de Vallejo (“hay, hermanos, mucho por hacer”).

Tenemos aún problemas estructurales no resueltos, acumulados a los coyunturales, que se han agudizado en extremo con la actual descomunal crisis global y local del coronavit, que pone en evidencia las debilidades y fortalezas de las naciones y sus poblaciones. Sobre todo, de los liderazgos individuales y colectivos, que no están ala altura de las circunstancias.


En el momento en que más necesitamos, no existen (aunque hay, pero sin cargos) dirigentes lúcidos y coherentes, abiertos y flexibles, dialogantes y concertadores; sino todo lo opuesto.

Desde hace mucho tiempo que hay escasez real, no formal, de instituciones y conductores. Las que existen no funcionan plenamente y sus representantes (por elección o selección; por causalidad o casualidad) no dan la talla. Eso pasa a escala nacional con las autoridades de las entidades públicas.

Más, menos, con muy raras excepciones. Incluyendo las organizaciones empresariales, sindicales y populares; tomada y orientada en gran parte por rojos y caviares; que, además, cogobiernan.

Incluyendo medios de comunicación y periodistas subordinados a los mandatos del poder de turno.  En este escenario de crisis agudizada, en el que todos los protagonistas políticos, los actores sociales y los agentes económicos tienen su respectiva dosis de responsabilidad en la configuración del estado crítico, unos tienen más incumbencia en la configuración, mantenimiento y elevación de la crispación entre los poderes del Estado, pues actúan más como obstáculo que solución.

Es el caso específico del Ejecutivo que se obstina en el innecesario y más bien contraproducente desafío y confrontación con el Congreso (que parió con su golpista disolución) al que quiere imponerle su voluntad, como la aprobación, a como dé lugar, de un Gabinete integrado por ministros que sabe bien están seriamente cuestionados por su falta de eficiencia e integridad. Como si fueran los únicos en capacidad de asumir cargos. Sabiendo que es un premio o una provocación.

Ello denota que el mandatario no tiene la mínima capacidad política de ceder y conceder en aras de los intereses nacionales y las demandas populares que son la razón de la gobernabilidad. ¡Un estadista no vence con la fuerza, convence con la razón, no impone, propone! ¡Cuánta falta hacen políticos y partidos de verdad! ¡Así como está el escenario, todo indica que tendremos más de lo mismo!