OPINIÓN | Víctor López: “Aprecio y desprecio por el poder”

"Tremendo personaje don Justo Figuerola de Estrada, poco conocido incluso en Lambayeque, cuya larga vida fecunda debe servir de emulación para políticos".
26 Octubre, 2020
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La Asociación Bicentenario 2021 es una entidad de la sociedad civil presidida por el constitucionalista Raúl Chanamé, integrada por destacados y reconocidos intelectuales, académicos, historiadores, diplomáticos, juristas y especialistas de todas las ciencias, que está haciendo más de lo que se podría esperar; tan solo con sus propias capacidades, sin recibir ningún aporte público o internacional. Por ejemplo, todas las semanas promueve la Catedra Bicentenario donde se analizan temas relacionados con la gesta emancipadora y sus proyecciones hacia el presente y futuro de la “República Inconclusa” que todos quisiéramos verla realizada; más que como “promesa”, como “realización” en términos de desarrollo económico, progreso social y modernización política y gubernamental.



Este sábado fui invitado junto con el escritor Harold Alva para participar como panelista del doctor Chanamé, en su exposición sobre Justo Figuerola de Estrada, un gran patriota peruano, nacido en Lambayeque, que tuvo una destacada participación en la lucha por la Independencia, gran orador, jurista, político, parlamentario, ministro, gestor público, que es la única persona en la historia del país que alguna vez haya asumido la presidencia de los tres poderes del Estado con absoluta eficiencia y transparencia. Le tocó vivir en una época muy convulsionada pre y post emancipación, donde los cambios y recambios de poder por la fuerza o el dinero eran constantes. Sin embargo, en cada oportunidad que asumió cada cargo, lo acepto y ejerció con plena responsabilidad. Tanto, que cuando el tumulto le pidió su renuncia, cuenta la historia, su hija le tiró la banda presidencial al populacho como una forma de “desprecio del poder”.

Tremendo personaje don Justo Figuerola de Estrada, poco conocido incluso en Lambayeque, cuya larga vida fecunda debe servir de emulación para políticos y gobernantes del país en todo orden de cosas. Sobre todo, en cuanto a la forma de asumir el poder como sinónimo de servicio público de identidad y compromiso con la patria y con el pueblo. Respetuoso siempre, como fue, de la Constitución y las leyes; al punto que no aceptó que le quisieran “regalar” una representación parlamentaria que no se correspondía con las formas democráticas.


Tamaña diferencia con personajillos de medio pelo y baja estofa que aprecian el poder más allá de sus aptitudes y actitudes. En un caso, no cuentan con capacidad, calidad, ni condiciones para gobernar con eficiencia. En otro caso, tampoco tienen carácter, comportamiento y conducta para gestionar con transparencia. Unos, no quieren dejar el poder; más allá de la comprobada incapacidad manifiesta expresada en estar entre los peores del mundo en resultados sanitarios, económicos, sociales y políticos. Incluso con evidencias y pruebas de corrupción manifiesta. Otros, a pesar de sus evidentes limitaciones quieren hacerse del poder como sea; haciendo alianzas con quien fuere, con tal de llegar a palacio. Incluso, con el riesgo de unas elecciones con direcciones, ficciones, predicciones y lecciones.