OPINIÓN | Sarko Medina: “Educar en las raíces”

"Un conocimiento integrado naturalmente sobre nuestra riqueza cultural en la educación desde infantes, eliminará con el tiempo el concepto negativo".
25 Abril, 2020
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A raíz que a mi hijo Mathias, en el área de historia, le enseñaron la época pre inca, Inca y conquista, es que me quedó flotando una pregunta: ¿Por qué
solo se ve el lado histórico de las culturas preincas o Inca?



Podemos enseñar una segunda lengua a la par del inglés, como puede ser el quechua, aymara, o la lengua nativa que corresponde al área cultural donde se enseñe (en la selva eso sería un poco más diverso).

Podemos introducir en los talleres de arte la gama de expresiones de nuestros pueblos originarios junto con los del mestizaje. ¿Los Incas acaso no sabían de matemáticas, de geografía, de agronomía, también sabían los Moche, Chimú, Nazca, Tinajeros, Puquinas?, ¿La filosofía de esos pueblos no puede enseñarse en la universidad?, ¿La literatura no tiene ejemplos de material indigenista, mestizo, como para explorar en las clases de lenguaje y comunicación?


¿Deportes? ¿Representaciones teatrales? Tenemos un universo por descubrir y aplicar sobre nuestras culturas indígenas, a la par de reivindicar el tiempo del virreinato desde una perspectiva positiva hacia los logros como mestizaje y cultura, comprender esa fe que nos nutrió y lleva adelante en la familia como eje fundamental.

Pero sin olvidar enseñar aquellas partes negativas, tanto del preincanato, incanato y virreynato, con énfasis en aquellas que se repiten y nos hacen daño como nación.

¿Por qué enseñar algo así? Porque nos estamos matando y dividiendo por no saber de dónde venimos, comprender que discriminarnos por ser más o menos claros es lo que nos retrasa, en el trabajo, en las relaciones familiares, amicales, como sociedad, en la cultura y todo decanta en la forma cómo administramos justicia, legislamos y aplicamos las leyes.

Un conocimiento integrado naturalmente sobre nuestra riqueza cultural en la educación desde infantes, eliminará con el tiempo el concepto negativo de ser “peruano” para resaltar ese orgullo de decir “Soy Peruano” y no solo por llegar a un mundial o tener la comida más rica, que a estas rutas ya no significan mucho, sino por saber que tenemos una gran historia (con sus bemoles) por detrás que puede construir un gran futuro para todos nosotros, pero sabiendo de dónde venimos, donde estamos y hacia dónde vamos después de esta pandemia.

Que el bicentenario nos encuentre unidos bajo la gran bandera de la verdadera educación y no una copia mal hecha de países donde tratando de innovar se pierden la riqueza de la familia, de los valores tradicionales como fundamente y nunca como herramienta que nos distancie, como sucede ahora.