OPINIÓN | Rubén Quiroz Ávila: “Renato Cisneros, algún día te mostraré el destino”

28 Enero, 2020
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Cisneros es un caso de estrategia comercial y talento narrativo hecho a pulso periodístico. Aunque proviene de las canteras poéticas de la generación de los 90, con algunos poetas interesantes pero la mayoría llenos de entusiasmo y buena voluntad. En el cajón del olvido histórico es que se encuentran ya (y merecidamente olvidados) Ritual de los prójimos (1998), Máquina Fantasma (2001) y Nuevos Poemas Italianos (2007). Cisneros es la encarnación de aquellos que se equivocan de género literario. Es decir, la poesía no era lo suyo, definitivamente.

En la ruta de la narración ha encontrado la fórmula para legitimarse como escritor. Cada artista de la palabra va encontrando el género que más le acomoda y, acaso, mejor éxito le depara. Por ahora, la narrativa reina. Este inadvertido poeta, había comenzado, no sin ingenuidad y casi planificada inocencia, con Nunca confíes en mí (2011) y Raro (2012), donde el fraseo ágil y fresco tenía párrafos y efectos sugerentes para el oficio. Sin embargo, insuficientes para incluirlos en alguna antología de la narrativa peruana. Pero es con La distancia que nos separa (2015), que la industria editorial peruana encuentra su estrella en ascenso. Bien apadrinado, con una red de periodistas culturales a su servicio, con una empatía envidiable en los medios de comunicación, y con una novela de buen ritmo planteada como catarsis de una de las épocas más convulsas de nuestra historia republicana, se tenía una ecuación mediática de la que había que tomar cuenta. El triunfo estaba asegurado.

Ahora en este libro de no ficción, planteado como un diario de paternidad, como explícitamente señala, muestra las vulnerabilidades y angustias existencialistas que provoca un giro de esa magnitud. Esa conciencia de paternidad es la destrucción total de cualquier indicio de individualidad. Todo lo anterior, es decir, la vida anterior no es sino la preparación para ese momento sublime, difícil también. Es introducirse en una cadena cósmica de temores absolutos y nuevos. El miedo de todos los miedos. La sola imagen de una pérdida posible no es ni siquiera imaginable. Es que la otredad verdadera, la que pone en cuestión absolutamente todo, solo es factible desde la paternidad. Es entender, por primera vez, al fin y al cabo, la forma más pura del amor. Aunque irregular, en este texto Cisneros se despliega con honestidad, con valiosa sinceridad incluso en sus limitaciones técnicas.