OPINIÓN | Rubén Quiroz Ávila: “Poesía filosófica de Mariano Iberico, Carlos Reyes”

18 Febrero, 2020
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Mariano Iberico fue uno de los pensadores imprescindibles de la filosofía peruana. Nacido en 1892 en Cajamarca, su actividad intelectual atravesó mucho del siglo XX y, sin dudarlo, empujó a que la tradición filosófica nacional se autoconfigurara como una comunidad mínima de debate. En 1926, con su famosa obra influida por Bergson, El nuevo absoluto, plantea que la humanidad tiene aún posibilidades de una nueva forma de entender la vida, en tanto comulga la ciencia y las artes. Esto abre una veta interesante en tanto ofrece una interpretación menos conflictiva de dimensiones cognitivas aparentemente antagónicas. La dimensión estética, enclave epistémico del espiritualismo, adquiere en el cajamarquino una línea de trabajo permanente.

Y esa dimensión metafísica llega a su cumbre en 1937 cuando publica sus Notas sobre el paisaje de la sierra. Aquí rescata el valor de la poesía como un canal auténtico e idóneo para comprender el valor real de la vida. Es decir, lo poético no es solo una disciplina literaria sino un modo adecuado de asumir lo vital. La humanidad es esencialmente poética. Y ello es provocado por la naturaleza. De ese modo, el paisaje de la sierra es hondamente reveladora ya que concentra importantes momentos de la historia. Como brillantemente sostiene Reyes: “Notas…refiere a la problemática del hombre –al hombre moderno y contemporáneo– y busca, como solución (re) conectarlo con el cosmos”. (p. 28).

Carlos Reyes, ese joven filósofo formado en las aulas sanmarquinas, hace un minucioso y cuidadoso trabajo sobre este exrector de la Universidad de San Marcos, fallecido en 1974. En una propuesta audaz, Reyes establece vasos comunicantes con la obra más original de Iberico: La aparición (1950), cuya tesis fundamental es recobrar el estatus salvífico de la poesía. Es que la poesía es el puente entre el ser y el aparecer. La majestad de lo lírico, más allá de sus orígenes mágicos, es el camino para el reconocimiento de la naturaleza como ente filial de las personas. Le confiere a la conexión con lo natural una inevitable manera de salvar a la humanidad misma.

Estamos ante un ensayo, además recientemente premiado por el Gobierno Regional de Cajamarca, que da luces y explicaciones prolijas, sobre nuestra propia memoria intelectual. Además, recoloca a Iberico en el sitial que históricamente le corresponde.