OPINIÓN | Rubén Quiroz Ávila: Poemario Constitución de Rafael Espinosa

Esta última etapa abandona la ironía erótica y lingüística.
11 Junio, 2019
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Espinosa (Lima, 1962) es todavía uno de los mejores exponentes de la poesía de la generación de los 90. Desde el comienzo de su carrera poética optó por la ruta barroca. Los avistamientos de una tensión con el lenguaje ya eran desplegados en Reclamo a la poesía (1996).  A contrapelo de las líneas hegemónicas, su trabajo está más cerca del laboratorio, incluso en su intimidad, que los otros caminos más vocingleros y herederos del conversacionalismo más plano. Esta última entrega es una transición a un tipo de lenguaje aún inasible. Conserva su lado barroco, pero en su versión sentenciosa. Y lo combina con varias capas de coloquialismo. Sin embargo, aparece un aire pesimista, gris en su escepticismo naciente y de la cual no hay vuelta atrás: “puedes sumarte a la destrucción/ puedes hacer esculturas con restos de demoliciones”. Ese tono de descreimiento lo pone al borde de la pérdida de fe: “el plato de comida/ empieza a rotar, arrastra arena, granizo, filamentos”. Esta última etapa abandona la ironía erótica y lingüística, características principales de sus poemarios anteriores, aunque los últimos libros iban anunciando este momento. Sus versos ahora tienen otra forma de ternura: “alguien de pronto recogió un gato./ Fue tan simple como no pisar flores”.