OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: “Túpac Amaru II… y no pudieron matarlo”

18 Mayo, 2021
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Sin la rebelión de Túpac Amaru II en 1780-81 no hubiese sido posible la declaración de nuestra Independencia el 28 de julio de 1821, pues el movimiento emancipador iniciado en el Cusco constituyó un precedente para las acciones anticolonialistas de inicios del siglo XIX. El mensaje de Túpac Amaru II y su esposa Micaela Bastidas caló hondamente pues encarnaba el ideal libertario, sentando las bases para transformar en lucha lo que era únicamente dolor, silencio y conformismo desde el inicio de la opresión virreinal.


Al campesinado indígena, excluido cultural y racialmente por el colonialismo español, se les quitó sus mejores tierras y fue condenado a la servidumbre. Se le obligaba a comprar productos a altos precios, situación agravada por la forma más inhumana de explotación: la mita minera, consistente en reclutar grupos de indígenas mayores de 18 años, trasladándolos a la fuerza a centros mineros como Potosí, cuyas condiciones laborales eran tan brutales que la mayoría moría. El incremento de impuestos a la alcabala afectó a los comerciantes del Sur, varios de ellos caciques indígenas, pero de cultura mestiza, generando la justa protesta social reivindicando la historia y los símbolos del Incanato.

Túpac Amaru II se levantó en noviembre de 1780 y progresivamente fue consiguiendo un amplio respaldo en el campo. Sus proclamas estuvieron referidas a las reivindicaciones indígenas y también abolió la esclavitud de los negros.


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La batalla de Sangarará abrió el camino victorioso, afianzando lo avanzando en Tinta, aunque meses después es derrotado en Tungasuca, apresado en marzo tras ser traicionado, y asesinado un día como hoy, en 1781.

Amarrados sus pies y manos, su cuerpo fue jaloneado por cuatro caballos en la plaza del Cusco, a fin de descuartizarlo, pero los españoles fracasaron debido a la fortaleza física del líder revolucionario; por ello, el visitador Areche ordena que se le degüelle y sus restos mutilados sean exhibidos en el Cusco y alredeedores. Luego, quemaron su cadáver, esparciendo sus cenizas para que de él no se tenga memoria, expresión de la crueldad sin límites del colonialismo.

Pasaron 240 años y permanece vigente el “Canto Coral a Túpac Amaru que es libertad” (Alejandro Romualdo): Le sacarán los sueños y los ojos. Querrán descuartizarlo, grito a grito…a golpe de matanza los clavarán: ¡y no podrán matarlo! Querrán volarlo y no podrán volarlo… Querrán descuartizarlo, triturarlo, mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.

Al tercer día de los sufrimientos, cuando se crea todo consumado, gritando ¡LIBERTAD! sobre la tierra ha de volver. Y no podrán matarlo.
Túpac Amaru vive. Su mensaje recorre el Perú desde el Sur, extendiéndose al Centro, el Oriente, el Norte y está cerca de Lima, la primera ciudad provinciana del país. El próximo 28 de julio saldrá del cuadro que hay en Palacio de Gobierno y jurará simbólicamente en nombre de la justicia y la libertad. No pudieron matarlo.

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