OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: Sentir el pensamiento y pensar el sentimiento

El proyecto de elecciones no es un golpe de Estado como afirman quienes saben que están en cuenta decreciente para perder sus privilegios.
6 Agosto, 2019
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En medio de la crisis que afecta la vida cotidiana de los peruanos, evitemos quedarnos tanto en la simple constatación y reflexión sin ir al fondo del asunto y sin hacer nada, como tampoco en la acción reactiva sin rumbo y carente de sensibilidad social. Por ello, cualquier propuesta debe partir de las aspiraciones de la gente y llevarla a cabo con la gente, comprometiendo a todos en la realización de los grandes cambios en democracia orientados al desarrollo integral, recuperando el tiempo perdido para que de los escombros de un sistema excluyente se yerga un Perú justo y libre, digno y próspero, en paz y sin corrupción.

Durante el régimen dictatorial de Morales Bermúdez, el hartazgo ciudadano frente a la prepotencia, la recesión con inflación y el inicio de los paquetazos del ministro Barúa fue de menos a más; tuvo como punto culminante el paro nacional del 19 de julio de 1977; con un rol protagónico de la CGTP-Comando Nacional Unitario de Lucha-maestros-estudiantes-transportistas-Frentes de Defensa Regionales. El resultado fue el retiro de los militares a sus cuarteles, convocándose a elecciones para Asamblea Constituyente (1978) y generales (1980). En 1978 triunfó el Apra y quienes propugnaban cambios de raíz obtuvieron 35% de los votos; pero revelando miopía y sectarismo tuvieron una debacle en 1980, facilitando la victoria de Belaunde, quien dijo ser el voto que no se pierde.

Tras los fracasos de los gobiernos de AP-PPC (1980-85) y del Apra (1985-90), la ciudadanía optó en 1990 por el entonces desconocido Alberto Fujimori, reelegido en 1995. En medio del acrecentamiento de la corrupción y el despotismo, impuso la re-reelección el 2000, interpretando arbitrariamente la Constitución; generando la indignación nacional evidenciada en la Marcha de los 4 suyos (27-28 de julio); multiplicada al difundirse el video Kouri-Montesinos en la salita del SIN. El resultado fue el anuncio de adelantar las elecciones, la renuncia por fax del autócrata Fujimori y el inicio del gobierno de transición liderado por Valentín Paniagua. El 2001 Toledo resultó elegido presidente en medio de la expectativa nacional para afianzar la transición democrática, la que frustró; y ya sabemos cómo gobernaron y terminaron AG, Humala y PPK.

Ahora, el adelanto de elecciones es apoyado por el 75%, según Ipsos. No es un golpe de Estado vedado ni una afrenta al Estado de derecho, como afirman quienes saben que están en cuenta decreciente para perder sus privilegios; ni es un distractor, como señalan los que siguen atrapados en el dogmatismo.

Esperamos que las reformas políticas sean implementadas durante el proceso electoral (inscripción de nuevos partidos, elecciones democráticas, paridad y alternancia, financiamiento transparente de partidos e impedimento de postular a quienes tengan sentencia). Y, lo más importante es que abre una nueva oportunidad para que la lucha popular y ciudadana por un Perú nuevo no se vea frustrada ni tergiversada como ocurrió en 1980 y el 2001, cuyas consecuencias fueron el continuismo en cuanto a la captura del Estado por los grandes grupos de poder económico transnacionales y sus socios en nuestro territorio; la corrupción institucionalizada y la mantención del centralismo, la exclusión y la informalidad.

Miguel de Unamuno, el gran filósofo español (Generación 1898), señaló que es esencial sentir el pensamiento y pensar el sentimiento; no bastan las propuestas si no están acompañadas por el compromiso humano y sus afectos; y simultáneamente es menester darle perspectiva a la indignación para no reducirla a la emoción pasajera. Esto es primordial hoy para darle una salida democrática a la crisis, reivindicando el valor de los valores. O, como decía Nelson Mandela: cerebro y corazón, formidable combinación.