OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: “María Elena Moyano, la paz, el terrorismo y la izquierda”

17 Febrero, 2020
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María Elena Moyano fue asesinada el 15 de febrero de 1992, al día siguiente de haber liderado el rechazo al paro armado promovido por Sendero Luminoso, en una época en la que el estallido de coches bomba era una cuestión cotidiana.

 

No contentos con matar a la entonces teniente alcaldesa de Villa El Salvador y también presidenta de la Federación Popular de Mujeres de la ciudad mensajera de la paz, el comando de aniquilamiento senderista dinamitó su cuerpo, enviando así un mensaje de amedrentamiento a quienes osaban oponerse.

 

Eran años en que el terrorismo senderista actuaba con una lógica de guerra, frente a la cual el Estado, durante el gobierno fujimorista, respondía en los mismos términos; expresión de ello fue la organización del grupo Colina como escuadrón de la muerte, que reportaba a la cúspide del poder: Fujimori-Montesinos-General Hermoza Ríos, los tres actualmente presos. Recordemos, por ejemplo, que a los dos días de haberse perpetrado el terrible atentado en la calle Tarata de Miraflores, se produjo el secuestro y asesinato de ocho estudiantes y un profesor en la U. La Cantuta.

 

Frente a tal situación, organizaciones ciudadanas como las de Villa El Salvador, fieles a su historia y tradición democrática, enarbolaron la bandera de la paz, y María Elena Moyano encarnó cabalmente este anhelo de la gran mayoría de peruanos. En esa línea, el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Policía Nacional de Perú efectuó un sistemático trabajo en el ámbito de su quehacer y logró capturar al sanguinario Abimael Guzmán sin disparar; en circunstancias en que Alberto Fujimori estaba de pesca con su hijo Kenji, y Montesinos estaba en una actividad festiva; aunque ambos pretendieron reivindicar la captura del presidente Gonzalo, pero no lo consiguieron.

 

Sendero Luminoso consideraba que todos los que no aceptaban sus ideas eran sus enemigos, incluyendo a miles de campesinos a quienes decía representar, asesinándolos sin piedad; y en su lista incluyó a militantes y simpatizantes de Izquierda Unida, matando a por lo menos mil de ellos, caso de María Elena Moyano, evidenciando que se trataba de dos proyectos políticos diferentes.

 

No olvidemos que la derecha en todas sus variantes ha calificado de terrorista a toda expresión de izquierda en el Perú, lo que no se ajusta a la verdad. Pero sí es cierto que la DBA (derecha bruta y achorada), al ser desnudada por la carencia de argumento, recurre al terruqueo; una de cuyas últimas manifestaciones relevantes fue durante las elecciones presidenciales del 2016, cuando Fuerza Popular-Peruanos por el Kambio-APRA-Solidaridad, al unísono tildaron de terrorista a la candidata Verónika Mendoza, quien pese a la campaña en su contra estuvo muy cerca de pasar a la segunda vuelta.

 

Por su consecuencia, María Elena Moyano, la madre coraje, tiene un lugar muy bien ganado en nuestra historia. Por eso es un ejemplo para las nuevas generaciones, y quienes del lado del corazón asumen su legado, representan la continuidad de la lucha por la paz con justicia social, que es contraria a todo tipo de terrorismo.

 

En su último mensaje, María Elena dijo: La revolución es afirmación de la vida, no es muerte…Es vida nueva, es convencer y luchar por una sociedad justa, digna, solidaria, al lado de las organizaciones creadas por nuestro pueblo, respetando su democracia interna y gestando los nuevos gérmenes de poder: el nuevo Perú. Tengámoslo presente.