OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: “En defensa de la democracia”

"La declaración sale en un contexto de avance de las fuerzas que luchan contra la desigualdad y por cambios profundos a nivel de la economía, el Estado..."
10 Noviembre, 2020
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“En Defensa de la democracia” es el título de la Declaración suscrita en la Paz, coincidiendo con el inicio del mandato del nuevo presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Luis Arce, quien tomó la iniciativa, conjuntamente con Alberto Fernández –presidente de Argentina- y Pablo Iglesias -vicepresidente de España, para la publicación del texto suscrito por los expresidentes Evo Morales-Bolivia, Dilma Rousseff-Brasil, Rafael Correa- Ecuador y Rodríguez Zapatero-España.


La declaración sale en un contexto de avance de las fuerzas que luchan contra la desigualdad y por cambios profundos a nivel de la economía, el Estado y las dimensiones social, ambiental y cultural del desarrollo integral.

Avance expresado en la holgada victoria del MAS en primera vuelta en Bolivia, a menos de un año de la asonada golpista del fascismo, con el aval de Trump y Almagro de la OEA; y en el contundente triunfo ciudadano que puso fin a la Constitución del dictador Pinochet, luego de multitudinarias movilizaciones callejeras.


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El carácter múltiple de la crisis –sanitaria, económica, social, política y moral- es un rasgo distintivo del actual momento y, tal como se afirma en la Declaración de La Paz, “… ha puesto en evidencia las principales debilidades de nuestras formas de organización social: la fragilidad de los sistemas de salud y de los servicios públicos; la erosión, resultado de años de neoliberalismo, de los mecanismos de protección social con los que cuentan los Estados; la insostenibilidad social, económica y ecológica de los modelos dominantes de extracción para exclusivo beneficio empresarial; y, con una intensidad especialmente preocupante, los peligros a los que se enfrentan los sistemas democráticos en todo el mundo”.

La Declaración alerta acerca del accionar de la ultraderecha “que propaga la mentira y la difamación sistemática de los adversarios”, promoviendo “desestabilizaciones y formas antidemocráticas de acceso al poder”; lo que ya no se da mediante los tradicionales golpes militares, sino apelando a formas diferentes, tal como ocurrió en Paraguay, Honduras, Brasil y Bolivia; constituyendo una amenaza permanente.

El compromiso contenido en la Declaración de La Paz representa un buen avance al afirmar la voluntad común “de trabajar conjuntamente por la defensa de la democracia, la paz, los derechos humanos y la justicia social frente a la amenaza que representa el golpismo de la ultraderecha”. Apoyemos en el Perú y Latinoamérica estos esfuerzos, deslindando con la clase política vetusta y los grandes grupos de poder económico que se disfrazan de “demócratas” para esconder su vocación autoritaria que, por cierto, debe ser rechazada.

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