OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: ‘El fascista Pinochet y “el Pepe” Mujica’

"Falta liderazgo para emprender la lucha contra la delincuencia en todas sus modalidades, no solamente el trabajo debe ser la lucha contra la corrupción..."
27 Octubre, 2020
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Dos personajes diametralmente opuestos son tema de agenda: Augusto Pinochet, cuya nefasta herencia fue sepultada cuando casi el 80% de chilenos dijeron sí a una nueva Constitución; y “el Pepe” Mujica, expresidente uruguayo que acaba de retirarse de la política por la puerta grande, luego de haber sido el senador más votado.



Pinochet fue un general chileno que juró lealtad al presidente constitucional Salvador Allende, aunque 19 días después encabezó un golpe militar caracterizado por la violencia extrema, ejerciendo dictatorialmente el poder durante casi 17 años, pero a través de un plebiscito la ciudadanía le dijo que ya no iba más.

“El Pepe” Mujica es un luchador social uruguayo que formó parte de la guerrilla urbana en la década del 70, fue herido y encarcelado por la dictadura civilmilitar y tras abandonar la prisión, a raíz de una amnistía, lideró un amplio movimiento renovador, llegando a ocupar diversos cargos, hasta ser elegido presidente de la República (periodo 2010-2015).


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Mientras Pinochet daba un golpe de Estado en Chile, Mujica era encarcelado en el Uruguay. Mientras el general fascista era crecientemente repudiado en su país y su derrota en el plebiscito de 1988 significó el inicio del fin de su régimen dictatorial; “el pepe” Mujica salió de la cárcel en 1985, dijo adiós a las armas y orientó su vida a la construcción de un nuevo partido que le llevó al to de vida personal, familiar y profesional; sin embargo, existe otro sector que esperamos sea el minúsculo, compuesto por varones y mujeres que se han dedicado a la prostitución, tráfico ilícito de drogas, sicariato, extorsión, trata de personas, explotación sexual, robo agravado con consecuencia de muerte, homicidios calificados y lavado de activos, en resumen, puro crimen organizado.

Falta liderazgo para emprender la lucha contra la delincuencia en todas sus modalidades, no solamente el trabajo debe ser la lucha contra la corrupción, que ciertamente es un mal endémico y que hay que combatir, también se le debe dar la misma prioridad y firmeza para prevenir, investigar, juzgar y sancionar a la delincuencia ordinaria.

Es tan grave la ola delictiva que se vive en el país que no se puede salir de nuestras viviendas un fin de semana, o caminar por una sólida avenida sin tener el temor de ser asaltados y que se atente contra nuestra integridad física.

Urge replantear políticas de Estado para controlar la ola delictiva y se debe prevenir, investigar, juzgar y sancionar con todo el peso de la ley contra aquellas personas que cometen delitos graves y atentan contra la propia seguridad ciudadana.

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