OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: “Bien común y no mal menor”

30 Marzo, 2021
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Por lo menos desde 1990, a la hora de elegir al presidente de la República, generalmente primó aquello del “mal menor”. Los resultados, a la luz de lo acontecido con Fujimori, Toledo, García, Humala y Kuczynski (y su sucesor Vizcarra), fueron negativos.


La pregunta que se hace la mayoría no es por qué partido y plan de gobierno votar, sino por quién, y, para ser más precisos, sobre todo por quién no votar. En base a este criterio empieza el descarte hasta quedarse con el mal menor. La elección presidencial del Bicentenario nos da la oportunidad de cambiar el “chip” para poner el acento en las propuestas y quiénes las representan. Así, en base a un voto informado, que incluye ver/ escuchar los debates -de los cuales ningún candidato debe correrse- la ciudadanía podrá decidir conscientemente.

Un país cuyo Estado está capturado por los grandes grupos de poder económico y los presidentes sirven a los intereses de la KONFIEP, y donde los privilegiados son los monopolios y oligopolios; debe dar paso a uno nuevo, plenamente independiente, que gestione nuestros recursos naturales soberanamente (gas, minerales, petróleo, etc.), dejando de lado la sumisión a las empresas transnacionales, enfatizando en pequeñas y microempresas a las que se otorgará créditos baratos.


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Los derechos de los trabajadores no pueden seguir siendo pisoteados. En adelante deben ser respetados y extendidos a todos; ejecutando un Programa de empleo temporal en esta etapa de emergencia, incrementando anualmente el número mediante el incremento de la inversión pública, promoviendo que el sector privado haga lo mismo, comprometiéndose en el reto productivo, reinvirtiendo en nuestro país y no llevando sus ganancias a “paraísos fiscales”, y pagando los impuestos que corresponden sin hacer lobbies para obtener exoneraciones tributarias ni incurrir en elusión.

La salud y la educación no pueden ser consideradas servicios ni menos mercancías. Son derechos humanos fundamentales, lo público debe ser lo esencial, desterrando el lucro abusivo. Claro está, revalorando el rol de maestros y profesionales y trabajadores de la salud, nombrando a los contratados, pagando la deuda social, empezando por quienes tienen más de 60 años.

Estado democrático, social, descentralizado y participativo; economía al servicio del ciudadano y no de los multimillonarios, enfatizando en el apoyo a las Pymes, a la agricultura familiar y comunitaria, a comunidades amazónicas, andinas y costeñas, y a quienes hacen Patria en el mar de Grau; derechos económicos, sociales, culturales y ambientales para que las personas vivan y trabajen dignamente; priorizar la salud,
educación, trabajo, vivienda, agua e internet como derechos fundamentales; y firme lucha contra la corrupción para evitar que no repitamos episodios vergonzosos como los de los últimos presidentes, Odebrecht, “club de la construcción” y los “cuellos blancos”.

Es tiempo del bien común, que es el bien mayor que representa un cambio verdadero frente al continuismo y el maquillaje.

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