OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: “Allende en Chile y Castillo en el Perú”

7 Septiembre, 2021
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En 1970, Salvador Allende fue elegido presidente de Chile por la vía electoral, sentando un precedente de honda significación histórica para la izquierda, dejando atrás el camino del “foco” guerrillero que había fracasado durante los años 60 en Bolivia y Perú, tesis errónea que consideraba que la sola presencia de un pequeño grupo armado iba a lograr el apoyo campesino.


Allende, desde una opción popular de cambios, afirmó la vía democrática: profundizó la Reforma Agraria iniciada por Frei, limitando la extensión de los terrenos de los multimillonarios. Nacionalizó la producción de cobre, siendo Chile uno de los países con mayor producción
del mundo, logrando una gran aceptación ciudadana, pero generando el rechazo del gobierno de EE.UU. (Nixon-Kissinger). Impulso el protagonismo del Estado para disponer y distribuir crédito compitiendo con los bancos privados, los cuales manejaban a su antojo tasas de interés abusivas. Asimismo, aumentó el salario real y promovió la sindicalización y participación de los trabajadores en los directorios de las empresas.

Si bien ganó el gobierno, tenía en contra a los grupos de poder económico, partidos de derecha, grandes medios de comunicación y una parte de los Altos Mandos militares, agazapados buscando el momento oportuno para atacar. La huelga organizada por los dueños de camiones (1972) creó desabastecimiento y fue la antesala del golpe fascista (Pinochet, 1973), quien reprimió duramente al pueblo; los “Chicago Boys” (seguidores del ultraliberal Milton Friedman) impulsaron la mercantilizaran la salud y la educación; privatizaron empresas a bajo precio, redujeron el gasto público y social a la tercera parte; y prohibieron sindicatos y cualquier asociación de trabajadores como las ollas comunes estaban subordinadas a la voluntad del gobierno.


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El presidente Castillo apenas tiene 40 días en el cargo y enfrenta un plan golpista del cual forma parte la presidenta del Congreso, quien dice “la calle pide la vacancia”. Cuando el precio del gas se dispara y se plantea la posibilidad de la nacionalización; se propone un nuevo papel para el Banco de la Nación para hacerle frente oligopolio financiero (BCP-BBVAInterbank-Scotia), y se anuncia acabar con la prepotente “suspensión perfecta” de labores, la derecha lanza su mensaje de odio, lleno de racismo y clasismo.

El gobierno, reafirmando su deslinde con el violentismo, debe priorizar 10 acciones concretas para enfrentar el plan desestabilizador: masificar la vacunación e impulsar la atención en las postas; poner en marcha programas de empleo, evitar el encarecimiento de los precios de productos de primera necesidad y reducir el precio del balón de gas, empezar la distribución del nuevo Bono, concertar el retorno semipresencial a clases, cobrar las deudas de las grandes empresas, multiplicar la lucha contra la delincuencia, no bajar la guardia en el combate anticorrupción, prevenir la violencia contra la mujer y la familia, y rechazar el plan golpista identificando a los conspiradores, llamándolos por su nombre.

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