OPINIÓN | Roberto Rodríguez Rabanal: Alfonso Barrantes Lingán

Barrantes reivindicó la política como una actividad humana esencial.
1 Diciembre, 2020
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Recordando a Alfonso Barrantes Lingán (30-11-1927/02-12-2000) constatamos que su figura brilla con luz propia en la oscuridad de esta larga noche de devaluación de los valores humanos, situación que ha llevado incluso a la existencia de “Los gangsters de la política”.



A la pregunta de Martínez Morosini, formulada hace más de tres décadas respecto a si “¿usted sigue creyendo en la revolución?, agudo y profundo Barrantes respondió: “… en el Perú, un gobierno honesto, ya sería una revolución”. Puso por delante los valores que supo practicar consecuentemente; tan es así que, luego del gran triunfo de Izquierda Unida frente al APRA (Barnechea) -AP (Grados Bertorini) -PPC (Amiel), el recordado “tío Frejolito” llegó a la Municipalidad de Lima en su viejo Volkswagen y, al terminar su mandato como alcalde metropolitano, se retiró en el mismo carro en que llegó.

Barrantes reivindicó la política como una actividad humana esencial. Como buen mariateguista decía que no era un espectador indiferente del drama humano, sino un hombre “con una filiación y una fe”. O sea, la política estaba lejos de ser “cochina” de por sí, aunque hay personas que la degradan, afirmando con desfachatez “metí la yuca”, tengo “plata como cancha” o que “llega sola”. Otra variante, “light”, es engatusarnos presentando como la “modernidad” lo que no es sino un primitivismo carente de proyecto nacional, con lo cual ni avanzará el país ni alcanzaremos la victoria.


Don Alfonso era un abogado muy comprometido con la defensa de los derechos de los trabajadores, cuyo aporte fundamental fue liderar la creación de Izquierda Unida (1980), articulando a distintas fuerzas, procesando una autocrítica práctica por la irresponsable división de ese año, tras haber abanderado la lucha antidictatorial y lograr una significativa votación para la Asamblea Constituyente (1978), convocada a raíz del exitoso Paro Nacional de 1977.

Como alcalde de Lima ratificó su liderazgo y capacidad de gestión, compartiendo responsabilidades con Henry Pease. IU logró importantes victorias en gobiernos locales/ regionales, pero no supo articular una sólida alternativa nacional. Barrantes deslindó con el terrorismo y también propuso formar un gran Partido de izquierda, lo que no prosperó debido a contradicciones internas, las que se agudizaron, motivando la división (1989), cerrando un ciclo. Ahora, lo que empezó a retomarse inicialmente (2016) requiere una apuesta colectiva como opción de gobierno para refundar el Perú, a fin de construir una Patria justa y soberana, abriendo un nuevo proceso constituyente con el protagonismo de la Generación Bicentenario.

Nuestro mejor homenaje a Barrantes será hacer realidad lo que dijo en su inolvidable discurso de cierre de campaña a la alcaldía de Lima (1983), recreando a José Martí: “el hombre verdadero no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”. Ya lo sabemos. Además, como Bolognesi, tenemos deberes sagrados que cumplir para que haya cambios profundos y no cosméticos