OPINIÓN | Nicolás Lúcar: hermanitos

Si la justicia en el Perú existe, debe de mandar a la cárcel a los políticos corruptos.
24 Abril, 2019
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Terminamos donde debimos comenzar.

Durante años repitieron lo mismo. Unos con más dramatismo que otros, pero el guión era el mismo: negarlo todo.

Keiko Fujimori, Alan García, Pedro Pablo Kuczynski, Susana Villarán, Ollanta Humala, Alejandro Toledo y Lourdes Flores. Todos lo negaron y todos nos mintieron.

Ahora está claro que todos habían recibido dinero de la empresa Odebrecht para financiar sus campañas electorales y que ese dinero venía de la llamada Caja 2, destinada al pago de comisiones ilegales. Todos introdujeron en sus campañas usando información falsa y mecanismos fraudulentos.

Si somos justos todos deberían seguir el mismo destino de Keiko Fujimori, presa -precisamente- por eso.

Pero ahora todos tratarán de convencernos de que son inocentes y para eso tienen a sus abogados, sus opinólogos y a sus analistas para explicarnos cómo recibir en secreto dinero de Odebrecht y en la mayor parte de los casos en efectivo, no es delito, es una falta administrativa, un pecadillo. Tomen nota porque de aquí para adelante será esto lo que escuchen todos los días por boca de voceros de todos los colores políticos, que en la defensa de sus vergonzosas conductas,  terminarán por hermanarse.

Lo que no podrán explicar es por qué lo ocultaron primero y por qué lo negaron después. Y es que la respuesta es destructiva.

El financiamiento de campañas electorales no era sino el inicio de todo el sistema de corrupción, que comenzaba por meterle billete a los  candidatos, para luego cobrarlo en  obras, licitaciones y concesiones. Era una inversión, comprar políticos para que cuando estén en el poder bailen con tu música, para que hagan lo que necesites que hagan, para que gobiernen para ti y no para los millones de ingenuos que votaron por ellos y sus falsas promesas.

No se puede separar el financiamiento de las campañas de lo que pasó después, fue parte del monstruoso sistema de corrupción que le robó al Perú una gran oportunidad y a los peruanos su derecho a una vida mejor y más digna.

Ninguno de ellos merece consideración ni respeto, comencemos por el desprecio y porque la justicia, si existe en el Perú, haga lo que tiene que hacer, mandarlos a la cárcel que es lo que merecen.