OPINIÓN | Nicolás Lúcar: hablemos de sexo

Tenemos que construir una generación más sana que la nuestra, más feliz. Pero para eso tenemos que educarnos a nosotros mismos.
10 Abril, 2019
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Para algo bueno ha servido el escándalo que se ha formado alrededor del texto para escolares de tercer grado de secundaria, que incluye un link que abre la puerta a información sobre sexo que, según opinan muchos, no es apropiado para chicos de esa edad.

Lo que está en discusión  en este caso no es si existe o no existe una conspiración internacional del movimiento gay para introducir la llamada ideología de género, que buscaría confundir a nuestros pequeños sobre si son niños o niñas, promoviendo la homosexualidad. Dudo sinceramente de la existencia de tal conspiración y creo que ya perdimos demasiado tiempo en esto.

Felizmente parece que todos estamos de acuerdo por fin en algo: Lo que ha puesto en el centro de la discusión este incidente es el tema del sexo. De lo que debemos y no debemos decirle a nuestros chicos y cuándo.

Pero para ello es necesario que empecemos por hablar de la realidad.

Para empezar, la masturbación. Al inicio de la adolescencia es absolutamente común que chicos y chicas se masturben como parte del autodescubrimiento de su propio cuerpo y como el inicio del deseo sexual.

¿Qué debemos decirle a los chicos entonces? ¿Que masturbarse está mal, que es un pecado, que te puedes quedar ciego o bruto si lo haces?

La desinformación e ignorancia de padres y maestros sobre estos temas es clamorosa.

La condena a algo tan natural como la masturbación lleva muchas veces a que los chicos y chicas conciban este acto como algo incorrecto y pecaminoso, y desarrollen culpa por sentir placer.

Lo mismo ocurre con el inicio de la vida sexual. Nuestros  chicos comienzan a tener relaciones sexuales prematuramente. Un alto porcentaje de adolescentes ya tuvieron relaciones sexuales a los 15 años, y demasiados a los 14, 13 y hasta 12, y muchos de ellos han tenido más de un pareja sexual a esa edad. Sin orientación de ninguna clase, sin información y, lo peor de todo, sin protección se exponen al riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y a embarazos prematuros y no deseados. Una de las principales causas de deserción escolar entre las chicas es el embarazo adolescente.

No haber tenido relaciones sexuales es incluso objeto de bullying. Los jóvenes se presionan unos a otros para perder la virginidad antes de acabar el colegio.

¿Qué vamos a hacer frente a esta realidad? ¿Decirle a los chicos, muchos de los cuales ya son sexualmente activos, que el sexo debe esperar hasta el matrimonio?

O sobre el sexo anal, del que no se quiere hablar pero que es una realidad tan cruda como que se usa como método anticonceptivo entre los jóvenes, exponiéndose, por la falta de protección con que se realiza, a riesgos de infecciones.

Hay que hablar de sexo con los chicos. En el colegio, en la casa, en los medios.

La información debe ser clara, graduada según la edad, pero libre de prejuicios, mitos.

Nuestros chicos tienen que aprender a proteger sus cuerpos, a entregarlo cuando llegue el momento a aquellas parejas que los merezcan. Nuestros chicos deben aprender que el sexo es un acto de amor y que debe ser mutuamente consentido, nunca impuesto, y placentero para ambos.

Nuestros jóvenes tienen que crecer entendiendo que existe la homosexualidad y otras orientaciones sexuales y que las personas que lo sean no deben ser discriminadas ni agredidas, y que la regla del mutuo consentimiento y el respeto también vale para ellos y ellas.

Tenemos que construir una generación más sana que la nuestra, más feliz.

Pero para eso tenemos que educarnos a nosotros mismos. La tarea comienza con los adultos, tenemos que estar dispuestos nosotros mismos a aprender.