OPINIÓN | Nicolás Lúcar: fake news

Las fake news no se hacen solas, hay quienes las fabrican y las difunden dirigiéndose a un público que está a la espera de alguien que les diga eso que quieren oír.
10 Mayo, 2019
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Está en el centro de la investigación de la campaña electoral de Donald Trump: la generación de información falsa y meticulosamente elaborada para hacerla pasar por cierta en las redes sociales con el objeto de desacreditar a tu oponente. Fake news, le dicen los gringos, y las redes sociales están inundadan de ellas.

En el Perú tenemos algunos ejemplos.

“Julio Guzmán recibió 400 mil dólares de Odebrecht para su campaña electoral”. Esta afirmación es tomada por cierta por mucha gente en este momento. Se originó en la aparición en las redes de un supuesto reporte de la caja 2 de Odebrecht. José Barba preguntó en el Twitter si era cierto, pero Phillip Butters lo dio sin dudar por verdadero.

El problema es que la información era falsa. No hay ningún reporte de la entrega de ese dinero en ninguna parte, ni en Brasil ni acá, y hay un detalle, Guzmán participó en las elecciones del 2016 cuando ya el escándalo Lava Jato estaba desatado en Brasil y Odebrecht había dejado de financiar campañas electorales.

Pero eso es lo que menos importa. No es relevante si es verdadero o falso, porque mucha gente lo da por cierto y el daño a quien se quiere perjudicar está hecho.

Se trata de decirle al público con determinado perfil político y psicológico al que va dirigido, exactamente aquello que quiere oír.

“Alan García no ha muerto, nunca se suicidó, está en Europa gozando de su fortuna mal habida”. Demasiada gente cree esto, y no se detiene a pensar en que, para que sea cierto, se hubiera necesitado una imposible gran conspiración de policías, fiscales, abogados, periodistas, médicos, familiares, compañeros de su partido y enemigos políticos. No importa. Basta decirlo para que cientos de miles de personas no solo duden sobre su muerte sino para que tengan la convicción de que está vivo. Las evidencias que se presentan son grotescas. Alan pasando fugazmente frente a una puerta con terno gris (cuando el video lo muestra de negro y sport). La ausencia de sangre en el lugar de los hechos, que es simplemente un invento. La camioneta en la que lo sacan de su casa tras el disparo con las lunas cubiertas con periódicos, que tampoco ocurrió. Un sospechoso ataúd que llega al Casimiro Ulloa y luego sale misteriosamente, presuntamente llevándose a Alan vivo (que en realidad llevaba el cuerpo de un fallecido esa mañana en el hospital).

Las fotos del cuerpo de Alan en la UCI que muestran un hombre lampiño, cuando él era velludo (???) ¡El tamaño de las orejas! Todo vale para justificar una alucinada teoría que se estrella con la contundencia del certificado de necropsia que se emitió luego de certificar fehacientemente la identidad del fallecido. Pero una vez más, qué es verdad y qué es mentira, no importa. Hay gente que quiere creer que Alan se fugó y solo necesita que alguien le dé cualquier argumento para convertir una mentira en realidad.

Pero tal vez el caso más notable de fake news en el Perú es la llamada ideología de género. Cientos de miles de personas de buena fe han salido a las calles a protestar por la supuesta intención de un lobby gay internacional que está usando al Ministerio de Educación del Perú para promover la homosexualidad y la promiscuidad entre nuestros niños. Con Mis Hijos No Te Metas es un movimiento masivo basado en la falsa teoría de que promover la equidad de género (que solo busca acá y en todo el mundo, promover la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres) es un operación encubierta para corromper a nuestra infancia. Es casi imposible convencer a quienes lo creen de lo contrario.

Las fake news no se hacen solas, hay quienes las promueven, las fabrican, y las difunden dirigiéndose a un público que está a la espera de alguien que les diga eso que quieren oír, sin importar si es verdad o es mentira.