OPINIÓN | Nicolás Lúcar: El mecanismo

La hora de la verdad en el Caso Lava Jato parece por fin haber llegado. Que caigan todos los que tengan que caer. Los peruanos estamos esperando...
2 Noviembre, 2018

El 1 de diciembre del año 2016, los brasileños fueron sorprendidos por una declaración, publicada en todos los medios, bajo el título de PERDÓN, ODEBRECHT ERRÓ. En ella el gigante empresarial brasileño reconocía haber pagado sistemáticamente comisiones ilegales para la obtención de obras públicas, no solo en Brasil sino en todos los países donde la corporación había actuado.
El mensaje prometía ayudar a los sistemas de justicia de todos los países en los que operaban a descubrir sus propias redes de corrupción.
La publicación de esta declaración era, en realidad, el capítulo final de una larga y dura pugna en la que la policía y las fiscalías anticorrupción de Brasil lograron finalmente doblegar a Marcelo Odebrecht y forzarlo a un proceso de colaboración eficaz. Allá le llaman delación premiada, y obligaba a sus beneficiarios a pagar enormes reparaciones y, lo más importante, a revelar toda la verdad a cambio de reducciones de penas.
El acuerdo arribado en Brasil obligaba a los ejecutivos de Odebrecht a colaborar con la justicia peruana y establecía plazos para que esto ocurra.
Gracias a ello, hemos sabido que  Odebrecht financiaba campañas electorales en el Perú, con dineros destinados a pagos ilegales, y que lo hicieron en los casos específicos de Alan García, Alejandro Toledo, Susana Villarán, Keiko Fujimori, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski.
Ellos han confesado, además, que en alianza con grandes empresas peruanas y otras brasileñas, pero en particular con Graña y Montero, construyeron toda una maquinaria para apoderarse de la gran obra pública a cambio del pago de millonarias comisiones ilegales, que les garantizaban el control de las decisiones desde el Gobierno Central hasta el Parlamento, pasando por todas las instancias intermedias del aparato del Estado Peruano.
Han pasado casi dos años desde la dramática declaración PERDÓN, ODEBRECHT ERRÓ, y toda esta información debería estar ya en manos de las autoridades peruanas y tendría que haber llevado a la cárcel a expresidentes, exministros, funcionarios, empresarios, políticos, congresistas, abogados y, tal vez, hasta a algunos periodistas. Pero algo pasó en el camino.
El Equipo Especial a cargo del caso Lavajato, nombrado por el exfiscal de la Nación, Pablo Sánchez, y encabezado por Hamilton Castro, puso en riesgo el acuerdo de colaboración con los brasileños, y llevó los procesos con una lentitud pasmosa. A estas alturas tenemos derecho a dudar que acá no solo hubo ineficiencia, sino algo aún peor.
Lamentablemente para Pablo Sánchez su paso por la Fiscalía de la Nación quedará registrado en la historia de la lucha contra la corrupción como el tiempo en que no pasó nada.
Su salida del Ministerio Público puso por eso nerviosos a muchos. Preocupados no porque entrará Pedro Gonzalo Chávarry, sino porque perdían el control de la situación.
El hecho de que hoy el Equipo Especial Lava Jato esté encabezado por Rafael Vela y que lo integre José Domingo Pérez, ha sido un paso extraordinario hacia la acción.
La integración de la Fiscalía de Lavado de Activos al Equipo Especial ha sido otra decisión acertada que simplifica el proceso y evita duplicidades en una investigación que, al final, busca descubrir la operación de una organización criminal que comenzaba comprando la voluntad de los partidos, financiando sus campañas electorales, y terminaba con el otorgamiento de la gran obra pública a cambio de comisiones ilegales.
En pocas semanas se ha logrado restablecer la colaboración con los  brasileños y estamos al borde de un desembalse de procesos que deberían llevar a nuestros expresidentes a seguir el mismo destino de Keiko Fujimori.
La hora de la verdad en el Caso Lava Jato parece por fin haber llegado. Que caigan todos los que tengan que caer. Los peruanos estamos esperando, pero nuestra paciencia también tiene un límite.