OPINIÓN | Miguel Humberto Aguirre: “Y qué hacemos con ellos”

"Hubo un país donde miccionar en la vía pública, pese a estar prohibido, era una costumbre".
23 Enero, 2021
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Hubo un país donde miccionar en la vía pública, pese a estar prohibido, era una costumbre. Los varones, en cualquier lugar, orinaban no respetando a la gente que pasaba, por el lugar, o a niños jugando.



Las autoridades no encontraban un camino para poder dominar la situación. Se pusieron costos altos, como sanciones, a los sorprendidos “en el acto”, pero la grosera acción continuó.

Las autoridades insistieron en su lucha por la limpieza de la ciudad, hasta encontrar una solución y poder finalizar, terminar con esta deplorable actitud.


Las autoridades de alcaldías suelen cambiar con mucha facilidad y, las disposiciones establecidas, se borran con la velocidad que llegaron. A la alcaldía llegó una nueva autoridad. También enfrentó a los “orinadores” callejeros. Evaluó la situación. Buscó los caminos para enderezar la desviada situación, y promulgó un decreto edil curioso, para no creerlo: A la comunidad:

A partir de esta fecha las personas sorprendidas, usando la vía pública como baño, serán llevadas a la Comisaría.

A las 24 horas, a las 6 de la mañana, el detenido deberá regresar al recinto policial donde, por tres días, cumplirá servicios con la ciudad.

Los detenidos regresaban al recinto policial.

Una sostenida charla matinal. Luego, un mameluco y una escoba para barrer las calles de la ciudad. Quien pasaba ya ubicaba a esos limpiadores. Los abucheaban. Los criticaban y también los “insultaban”.

Todas las opiniones científicas nos señalan que las reuniones nos llevan directo a la pandemia. Muchos no son recuperados. El virus lo adquirieron en reuniones bailables de fin de semana. Allí se siembra el virus y, la pandemia, encuentra nuevos terrenos. No respetan la comunidad y las fiestas siguen con todo el peligro existente. Los organizadores y concurrentes a los “bailes Covid”, debieran tener un castigo de la comunidad. Enviarlos también a los hospitales, como ellos no tienen miedo a la pandemia, y ayuden una sostenida charla matinal. Luego, un mameluco y una escoba para barrer las calles de la ciudad.

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