OPINIÓN | Miguel Humberto Aguirre: “Silencio en el teatro peruano”

9 Febrero, 2021
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Osvaldo Cattone bajó la cortina de su vida y, de paso, la del teatro Marzano. Se silencian los aplausos, nacidos y sembrados desde 1976, cuando lo adquiriera el director, actor y productor argentino que vino – en 1973 – para actuar en telenovelas como Gorrión, Nino o Pobre Diablo. Como muchos extranjeros, se quedó para siempre.

Osvaldo debutó junto a una compañera de años, como fue Regina Alcover. La primera obra, muchos la recuerdan fue “Aleluya, Aleluya”, una adaptación de “La Novicia Rebelde”.

Un amigo me decía, hace algún tiempo, que la Compañía de Cattone, por lo menos, durante “su imperio”, en la esquina de General Suárez, puso en escena un total de 240 obras que sus seguidores no dejaron de ver. Un día le preguntaron cuánto le dejaba cada obra, sonriendo expresó: “con tal que me deje para montar la siguiente, todo es utilidad. Mi ganancia está en la recepción de la gente, de los amantes del teatro”.

Recordamos que recuperó, del silencio, a muchas artistas, sobre todo femeninas, olvidadas y de un gran talento como fue el caso de Ofelia Lazo. Como ella, muchas otras ratificaron lo que siempre fueron: grandes actrices.

Se recuerda toda una belleza de mansión antes de ser adquirida por Osvaldo Cattone.

Don Tomás Marzano por 1928 inauguró una sala de espectáculos con una revista y opereta. Un terremoto, en 1940, dañó seriamente el local y, Cattone, se ubicó en ese lugar de recuerdos desde 1976. Presentó, luego de adquirir derechos, las más exitosas obras estrenadas en los escenarios del mundo. Respondió, con calidad, lo que el público hizo por él. Un silencio para el teatro en su esquina de siempre y hace años. Osvaldo Cattone la animaba. Le daba vida. 

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