OPINIÓN | Miguel Humberto Aguirre: “Jovenel Moïse: gobernaba por decreto”

"Las elecciones, que terminaban con su mandato, estaban programadas para octubre. Sus adversarios no le creían".
8 Julio, 2021
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Sus adversarios consideraban que su mandato terminaba el 7 de febrero de este año. Ese día, Jovenel Moïse, informó haberse frustrado un golpe de Estado para derrocar a su gobierno y asesinarlo.


Comenzó a gobernar por decreto. Se debían, las próximas elecciones, hacer tiempo hasta octubre. Esperar era la nueva orden. Ello trajo mayores problemas vividos, en múltiples manifestaciones, por las calles de todo el país.

Cuando fue elegido, 26 de noviembre del 2016, llamó a los jóvenes, viviendo en el exterior, “regresarán al país para poner, nuevamente, a la nación de pie, porque Haití estaba de rodillas.


Haití estaba o está polarizado. La pobreza está en cada barrio. En cada calle y la solución no se ve.

Las cifras, hasta hace un mes, de los que se fueron, buscando mejores horizontes, sumarían un millón quinientos ochenta y cinco mil 681 haitianos. Algo así como un 14% de la población. De esas cifras 856 mil 106 son varones y 729 mil 575 mujeres. Siguen lejos de su país en Estados Unidos, Santo Domingo y Chile. Hasta allí se trasladaron y viven una gran cantidad de emigrantes haitianos. Cuando en febrero asumió el cargo de mandatario Moïse, fue la primera vez, en su vida, en ocupar un cargo público.

Llegó al cargo con dos elecciones. Se rechazó la primera acusando de fraude. Unos nuevos comicios, con distancia de días, le dio el cargo. Recibió una nación con demasiados problemas al conducir, un país, con una cesantía calificada como mayúscula. Con todas las limitaciones de servicio para comunidad, y con presencia de grupos violentistas cuyo argumento, de vida, era y es la muerte.

Muchos analistas señalan a Haití como uno de los países menos desarrollados y más pobres del mundo. El 65% de sus habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza. En el gobierno de Moïse no se pudo dominar la miseria económica, y la tranquilidad política necesitada. Los niños haitianos carecen de escuelas y sitios para encontrar atención sanitaria.

Las elecciones, que terminaban con su mandato, estaban programadas para octubre. Sus adversarios no le creían. Ya no tenía Congreso. La inestabilidad interna, y las calles con muertos, se mostraban todos los días. Hay en Haití una vida sin mañana. La vivió su presidente, Jovenel Moïse, muerto en su propio hogar.

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