OPINIÓN | María del Pilar Tello: La guerra del fin del mundo

La esperada reunión de Martín Vizcarra con Pedro Olaechea no dio resultados.
8 Septiembre, 2019
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Por María del Pilar Tello / profesora universitaria, analista política y abogada.

La  esperada reunión de Martín Vizcarra con Pedro Olaechea no dio resultados. Para las plateas han ofrecido que el Congreso priorizará la reforma cons­titucional que haga posible el adelanto de eleccio­nes y que el Ejecutivo revertirá los graves déficits de ges­tión gubernamental. Ojalá pero lo que vemos está lejos de la eficiencia y del abordaje de los problemas esenciales.

No es fácil activar estas ofertas. Adelantar elecciones es complicado y más aún en tan poco tiempo. Tanto como recuperar eficiencia en la gestión sectorial y estatal. Los cientos de muertes de bebes prematuros por falta de in­cubadoras en diferentes partes del país denotan una cri­sis integral de la salud pública que se evidencia en el co­nocido desabastecimiento de las instituciones sanitarias, en especial en los hospitales emblemáticos de referencia como el Loayza en Lima. Grave porque la defensa del de­recho a la vida está en falencia a pesar de ser la primera razón de la existencia de un Estado que cuando no puede cumplir pasa a ser fallido.

Y es que muy graves problemas han sido postergados por los poderes del Estado que no funcionan. El Ejecutivo a través del Presidente agita a la población y su propues­ta de adelanto de elecciones genera incertidumbre por lo cual pierde poder e imagen. El Congreso quiere legislar de manera autónoma sin imposiciones pero pierde tiempo y oportunidad para abordar la agenda social pendiente. El Poder Judicial sin Junta Nacional de Justicia y con un Mi­nisterio Público bajo fuego crítico completa el deterioro. Con el agravante de que ninguno de los escenarios que po­drían surgir del actual bloqueo político y económico son positivos para el país.

El debate constitucional y político ocupa todo el esce­nario pero hay un diálogo de sordos. Ni se escuchan ni se entienden. Cada día el Presidente Vizcarra renueva su hos­tilidad contra el órgano constituyente exigiendo la refor­ma constitucional y agitando a la población para la grita por la disolución del Legislativo. Sin ánimo conciliatorio la intransigencia no llegará a nada, salvo que se centre en la defensa del orden constitucional lo que obligaría al Eje­cutivo a aceptar lo que el Congreso decida con su prerro­gativa de aprobar las reformas constitucionales.

El Congreso pone lo suyo cuando decide continuar con las investigaciones de Chinchero y CONIRSA vinculados con el Jefe de Estado. O abordar la metodología y las accio­nes de las encuestadoras que sostienen al presidente con sus sondeos de opinión que podrían ser manipulados.

Con razón o sin ella la guerra continúa. La acción fiscali­zadora es un recurso para golpear al contrario. El discurso presidencial también lo es. Si es así podría tener reflejo en los cuarteles que son profesionales de la guerra. Si los ci­viles no dan la talla la pugna irresponsable y sin salida es una provocación a los militares que también están preo­cupados. El temor ha sido puesto sobre la mesa por la vi­rulenta respuesta de Mauricio Mulder al Primer Ministro en la Comisión de Constitución. Avisados estamos.