OPINIÓN | Lewis Mejía: “También depende de nosotros”

"Es decir, cualquiera no puede dedicarse al transporte de líquidos inflamables o de vehículos automotores que presenten un peligro de derrame y posterior incendio".
24 Julio, 2021
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El transporte de líquidos inflamables, es decir de la gasolina, el kerosene y petróleo o de algún tipo de alcohol, ha sido, es y probablemente siempre será una tarea muy peligrosa.


En realidad, movilizar cualquier tipo de sustancia que pueda reaccionar ante una fuente de calor, debe tener -y de hecho los tiene- sus reglamentos y medidas de seguridad.

Porque, una filtración, una fuga, un derrame, sumado a un accidente de tránsito, como un choque o una volcadura, agregan un ingrediente mayor para la tragedia.


Como la que acaba de suceder en una remota carretera de la amazónica región Ucayali, con el lamentable resultado de seis menores de edad fallecidos y otros once heridos de diversa consideración.

Los más delicados son los pacientes que, además de las fracturas y contusiones, resultaron con serias quemaduras en diversas partes del cuerpo ante el incendio que este accidente provocó a continuación.

Esto, debido a que junto con las personas a alguien se le ocurrió llevar una motocicleta que, para colmo de males y según las primeras investigaciones, al parecer derramaba combustible.

Y no es la primera vez que ocurre esta combinación letal de imprudencia en las pistas y presencia de combustible sin las medidas de seguridad, con el resultado inevitable de más vidas en peligro.

Todo esto nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de insistir en la difusión de las medidas de prevención de este tipo de accidentes, y especialmente recordar a los conductores que existe un reglamento al respecto.

La normatividad indica que toda persona que opere un tanque de carga o un vehículo con tanque portátil deberá tener licencia profesional para conducir, constancia de registro, póliza de seguros, plan de contingencias y guía de remisión, entre otros.

Además, una serie de implementos mínimos de seguridad, como son uniforme completo, casco, guantes, lentes, conos, tacos de madera, triángulos de seguridad, waypes, baldes, extintores, entre otros.

Es decir, cualquiera no puede dedicarse al transporte de líquidos inflamables o de vehículos automotores que presenten un peligro de derrame y posterior incendio de proporciones incalculables.

El trágico accidente de Ucayali debe ser un llamado de atención ante la negligencia de los conductores que llevan cualquier tipo de carga en sus vehículos, junto con personas a las que exponen al peligro.

Pero también a los propios pasajeros, a los padres de familia que como en este caso se dejaron llevar por la urgencia de ir a un lugar determinado sin medir las consecuencias.

Por eso, antes de abordar un taxi, un bus, una combi o cualquier otra unidad de transporte motorizado, es mejor verificar las condiciones de dicha unidad, reconocer los peligros que pueda presentar, y en función a ello tomar la decisión de viaje. Evitar los accidentes depende de nosotros.

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