OPINIÓN | Lewis Mejía: Los niños no deben andar solos

Cada 5 minutos un menor de edad debe ser atendido en un establecimiento de salud como consecuencia de una situación no deseada que ha puesto su vida en peligro.
16 Noviembre, 2019
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Una vez más, un accidente ocurrido en un ascensor dentro de un alojamiento ubicado, en esta ocasión, en la ciudad de Chanchamayo, terminó con la vida de dos niños de 3 y 10 años de edad, respectivamente.

Las causas son motivo de investigación por las autoridades correspondientes, pero ya se sabe que en este tipo de lamentables eventos tiene mucho que ver el descuido de los adultos.

Se calcula que cada 5 minutos un menor de edad debe ser atendido en un establecimiento de salud como consecuencia de una situación no deseada que ha puesto su vida en peligro.

El Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP) registra llamadas al 1-1-6 las 24 horas, donde muchos padres desesperados buscan ayuda ante un sinnúmero de situaciones de riesgo en las que se han metido sus hijos.

Por ejemplo, caídas por la ventana o las escaleras, atropellos por vehículos en la calle o en el estacionamiento familiar, quemaduras por fuego o por contacto con líquidos calientes en la cocina o en el comedor.

También, atragantamientos con objetos, desde borradores en la escuela hasta monedas, llaves y tapitas de lapiceros en casa; o intoxicaciones por ingesta de productos peligrosos, como desinfectantes o productos para encerar el piso.

Se suman las descargas eléctricas que son el resultado de haber metido el dedito o un objeto metálico en el tomacorriente de la pared; y los frecuentes portazos que producen lesiones en las manos.

En casi todos estos casos hay un factor común a tomar en cuenta: el niño logra escapar al control de sus padres para hacer alguna travesura de lamentables consecuencias.

Al respecto, las recomendaciones son siempre supervisar dónde están y qué hacen los chicos en todo momento, y en todo lugar, especialmente en ambientes extraños, como centros comerciales, mercados, restaurantes y hoteles.

Esta labor puede resultar de mucho cansancio para papá y mamá, pero es una tarea inevitable en la que deben ayudar, en lo posible, todos los familiares adultos con pleno uso de sus facultades físicas y mentales.

Jamás debe dejarse a los menores de edad al cuidado de otro niño, por más maduro que pueda parecer; y tampoco encargar su supervisión a un adulto muy mayor –como los abuelitos– o con discapacidad.

Debemos sospechar que algo no anda bien cuando, de pronto, nuestros hijos dejan de hacer bulla. Puede haber ocurrido un accidente, o estar en proceso de una travesura de resultados impredecibles.

Conversa con tus chicos, explícales los peligros que hay en casa y fuera de ella. Enséñales a tomar el ascensor con seguridad o a cruzar la pista respetando las reglas de tránsito. Más vale prevenir, sobre todo si son niños.