OPINIÓN | Lewis Mejía: “Héroe inolvidable”

"El comandante Arévalo ya no lo verá. Pero toda la comunidad loretana espera que esta unidad lleve su digno nombre, como un homenaje a toda una vida dedicada al servicio..."
20 Marzo, 2021
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A pesar de ser considerados prácticamente como héroes vivientes, inmortales, capaces de todo para salvar vidas ajenas arriesgando la propia, los Bomberos Voluntarios, como seres humanos, también hemos sufrido la arremetida del coronavirus.


Según las estadísticas del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP), a la fecha se registran 2.403 casos confirmados, entre los hombres y las mujeres “de rojo”, por la COVID-19.

De esa cifra, un total de 1,955 voluntarios lograron vencer al virus y ya han sido dados de alta, recuperándose en sus hogares bajo estrictos cuidados, y con la esperanza de que pronto puedan volver a la atención del servicio humanitario.


Hoy, tenemos 365 efectivos siguiendo una cuarentena en casa, otros cuatro se hallan dentro de los centros de aislamiento del Ministerio de Salud y 14 siguen en hospitalización.

Sin embargo, existen cinco integrantes del CGBVP que se han convertido en casos críticos, y que por ahora permanecen en las unidades de cuidados intensivos (UCI).

A todo esto, hay otra cifra lamentable: la de los 45 Bomberos Voluntarios que a la fecha perdieron la vida desde que en marzo del año pasado se declaró el estado de emergencia sanitaria en nuestro país.

Uno de ellos fue el Brigadier CBP Rodolfo Arévalo Acurcio, destacado abogado y empresario, líder de su localidad, quien hasta antes de su fallecimiento llegó a ser el máximo jefe de todos los Bomberos Voluntarios de la región Loreto.

Uno de sus más recientes logros fue obtener una importante donación de trajes y herramientas de segundo uso, procedentes de los bomberos de Estados Unidos, que él apenas pudo distribuir hasta caer enfermo.

Otro es un carro escala telescópica Camiva-Renault, que acaba de arribar al puerto de Iquitos y que se convierte en la primera en la historia del bomberismo amazónico.

El comandante Arévalo ya no lo verá. Pero toda la comunidad loretana espera que esta unidad lleve su digno nombre, como un homenaje a toda una vida dedicada al servicio de los más necesitados.

“Rodo”, como sus amigos le llamábamos con afecto, era un moderno mecenas de las Compañías de Bomberos bajo su comando, a las que ayudaba a sostenerse y también les conseguía donaciones.

Mucho le interesó el perfeccionamiento y la capacitación de sus efectivos, buscando alcanzar la excelencia que les permitiera brindar un servicio de cada vez mayor calidad, calidez y eficiencia.

A nivel internacional, también propició el acercamiento con los hermanos rescatistas de Colombia y de Brasil, financiando de su bolsillo las numerosas permanencias de los instructores extranjeros que llegaron a dictar, por ejemplo, los cursos de rescate en el río.

La COVID-19 se lo llevó en apenas una semana, pero él casi hasta el final supo dar el ejemplo de entereza, valor y compromiso, pues hasta que fue diagnosticado nunca dejó de responder ante un pedido de auxilio.

Incendios, fugas de gas, derrame de productos químicos peligrosos, accidentes vehiculares, corto circuitos, inundaciones, derrumbes… Las emergencias que el comandante Arévalo atendió son incontables, y las vidas salvadas mucho más.

Su existencia resulta en una enseñanza que jamás olvidaremos, y que se replica en estos mismos instantes en muchas otras regiones de nuestro país. Porque, cuando una vida está en peligro, el sacrificio es un deber para un Bombero Voluntario.

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