OPINIÓN | Julio Schiappa: “Torre Babel”

"Un reciente caso de espionaje con grabaciones ilícitas, revela una línea contraria a la tradición republicana y democrática trazada por cancilleres de la talla de Porras".
9 Septiembre, 2020
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Medio en serio, medio en joda, un amigo diplomático me dijo en estos días “ya no es Torre Tagle, es Torre Babel”. Con eso simbolizaba la cruzada de chicotes que hay en Torre Tagle estos días en que el servicio exterior del Perú es sacudido por un virus que cobra venganzas de hace 20 años, comete error tras error en la política latinoamericana e internacional, muy lejos del liderazgo alcanzado por sus más ilustres cancilleres.



Según algunos diplomáticos seguidores del fallecido secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, todo cambió bruscamente cuando PPK trajo de regreso al embajador retirado Ricardo Luna, coautor de la lista de 117 funcionarios y diplomáticos, puestos de patitas en la calle, después del golpe del 5 de abril de 1992. La lista negra, trabajada en Lima con Montesinos, se finalizó en la Embajada Peruana en Washington, adonde el embajador era Ricardo Luna. Amigo del colegio de PPK, el excanciller Luna lo niega.

Lo cierto, según algunos de los diplomáticos y funcionarios despedidos del 92, es que estos años Torre Tagle ha sido controlada por una troika, que ahora ocupa puestos decisivos en el exterior, y que sería causante de varios destrozos éticos y en política exterior. Los tres del patíbulo serían los veteranos Ricardo Luna y Hugo de Zela, el excanciller Néstor Popolizio. El defenestrado (por el nombramiento de Vicente Zeballos) representante del Perú en la OEA Embajador José Boza, ahora destinado a Bolivia, sería un músico de la comparsa.


El vocero de los cesados en 1992, embajador Guillermo Russo Checa, es enfático en ratificar la crisis de la Cancillería, “se han vulnerado derechos sociales de embajadores, recortándoles sus CTS, y un reciente caso de espionaje con grabaciones ilícitas, revela una línea contraria a la tradición republicana y democrática trazada por cancilleres de la talla de Porras, García Bedoya y Pérez de Cuéllar, regida por el patriotismo, la ética y el  profesionalismo como instrumento fundamental para proyectar de manera eficaz al Perú en el sistema internacional”.

También es criticado el manejo de la política internacional del Perú, caracterizada por un exagerado seguidismo a Washington, en el caso de Venezuela, presidiendo el Grupo de Lima. Una vela de entierro que termina con la derrota de Juan Guaidó. Ni hablar de la mediocre performance del Perú en la OEA, adonde el candidato peruano perdió en la partida. O el ruidoso silencio sobre la presidencia del BID adonde Latinoamérica se opone a una presidencia de EE.UU. Desastre en la torre.