OPINIÓN | Julio Schiappa Pietra: Problemas hirvientes, políticos congelados

El Perú es un país de mayoría informal, sin embargo, el inmenso desarrollo empresarial de ese sector no tiene respaldo del Estado.
28 Agosto, 2019
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Los problemas políticos se han vuelto una espina en el corazón del Perú. País que por su pésimo sistema electoral y mal funcionamiento del poder, tiene hoy un Legislativo totalmente desprestigiado, adonde un presidente inmensamente popular le es muy difícil gobernar. Los congelados, como decía Basadre, hacen inviable el buen gobierno.

No podemos abordar prioridades del país, mucho más rentables para nuestro futuro, producto de una crisis de apariencia constitucional, pero en esencia de mala construcción del poder.

Si el poder está mal construido, la verdadera salida está en recomponerlo para que represente mejor los intereses futuros de los peruanos. Los congelados no quieren e impiden el desarrollo del país.

Una primera mirada a la situación de Perú, nos permite comprender que requerimos cambiar dramáticamente la orientación de nuestras instituciones congeladas en una realidad que no existe más.

La educación, por citar un ejemplo, es campo de batalla política sobre la educación sexual. Sin embargo, como dice el mejor educador peruano, León Trahtemberg, la prioridad urgente está en que los niños sean preparados en pensamiento crítico, trabajo en equipo, manejo de destrezas digitales, superando la lecto escritura como criterio central de conocimiento. Adiós exámenes, tareas, disciplina militarizada, un salto de calidad para superar 50 años de atraso y prejuicios. Por eso la reducción del debate educativo al imperativo de minorías religiosas nos atrasa esos 50 años. Una ruta trabada por el poder mal construido, adonde una evidente minoría de políticos congelados impone su voluntad a la mayoría de votantes.

Un ejemplo crítico de mal ejercicio del poder es el mecanismo para tratar las controversias con la minería. En  Perú existe el estado Taita, una entidad que prodiga favores y no derechos, cuyo privilegio es autorizar y no fomentar la producción. Una concepción empírica que espera el conflicto en vez de resolverlo preventivamente. El mejor método conocido en el mundo se aplica en Canadá, Australia y otros países. Las empresas se reúnen con las comunidades para obtener la licencia social antes del pedido de licencia al Estado. Todo conflicto se resuelve entre beneficiarios y empresas. El resultado: una baja radical de los conflictos. Además los beneficiarios reciben su cheque de beneficios y son socios del proyecto minero. En el Perú se condena a un presidente porque se acerca a conversar con los actores de un conflicto. Esto es mala organización del poder y malos métodos para ejercerlo.

El Perú es un país de mayoría informal, sin embargo, el inmenso desarrollo empresarial de ese sector no tiene respaldo del Estado. El caso más grave es la minería de oro, estafada con falsos procesos de formalización y perseguida con violencia en todo el país. No toda esa minería contamina ríos, y hay prácticas para hacerla no contaminante. El Estado no tiene una política hacia ese sector y suman cientos los casos de detención arbitraria e indiscriminada de mineros en todo el país. Si Estados Unidos hubiera perseguido de esta manera la fiebre del oro de California, no sería la gran potencia que hoy es. Mala política del Estado, peor ejercicio del poder.

Mientras en Lima los políticos se centran en una guerra virtual y algunos profesores de Derecho, congelados, convierten en Talmud la Constitución de la Dictadura, hay un país que sufre las consecuencias de la falta de un Estado que los represente. Abrir camino al futuro demanda que la crisis se resuelva derrotando a los congelados en las urnas.