OPINIÓN | Julio Schiappa Pietra: “Ojo morado”

22 Enero, 2020
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Años de experiencia humana y política me hacen desconfiar de la actitud mojigata de los críticos de Julio Guzmán por un choque y fuga, convertido en Magalicidio para destruir al líder del principal partido anticorrupción de esta campaña electoral. Huele a psicosocial y parece escaso pecado para destruir las públicas virtudes de un grupo de ciudadanos que han decidido fundar un partido político. Algo que solo los locos y los que aman al Perú se atreven a construir en estos tiempos de odio cainita.

Valen la pena varias reflexiones sobre el caso del Partido Morado y su líder, precisamente porque su demolición moral y política tiene clara intencionalidad política y nada tendría que ver con el rearme moral de la política en nuestro país. Todo lo contrario, el efecto de esta demoledora unanimidad tiene algunas sospechosas coloraciones naranjas y amarillas, así como la presencia de congresistas disueltos que difícilmente acatarían la voluntad popular.

Dicho esto, como consultor político me corresponde señalar los serios errores tácticos, políticos, de comunicación  y personales en que ha incurrido este colectivo. Quizás el primer error estratégico ha sido poner al candidato presidencial a la cabeza de la campaña parlamentaria. Jugar el 100% de tu capital político en un solo escenario electoral tiene resultados como el de estos días. La campaña por 18 meses de poder ha chamuscado al líder y a la marca. Además, el líder es nuevo e inexperto y no tiene el carácter que da la madurez en estas lides para parar a un periodista petulante que lo llamo “cobarde” ante millones de peruanos. Este fue un segundo error estratégico: salir en la prensa cuando la kriptonita del caso de Daniel Mora aún brillaba en el cielo.

 

Un tercer error es carecer de la mínima inteligencia electoral, sí de espionaje, para adelantarte a las acciones de tus competidores y enemigos. Ya Tzun Tsu aconsejaba evitar las derrotas, con la información que traen los exploradores y espías sobre los movimientos de los ejércitos contrarios. Esto implica conocer por adelantado las trampas en que se convierten entrevistas, como la que enfrentó Guzmán el último domingo. Un mal, malísimo servicio de prensa, que no prevé los riesgos que corre el candidato es una segura ruta al colapso.

En cuarto lugar, el rol de los voceros, los heraldos negros que deben salir a defender al candidato en momentos de estrés político. Los del partido materia de este comentario han salido como colectivo, en patota, leales al jefe, pero en la comunicación moderna se usa a líderes carismáticos y buenos comunicadores. Los mejores, Alberto de Belaunde y Gino Costa, invitados de honor en la lista morada, tuvieron un rol correcto pero ultradiscreto. Salieron los rasos y rasas entre la feligresía, con bajo impacto en una crisis de carácter termonuclear.

Las campañas en todo el mundo han sufrido drásticos cambios incorporando técnicas de destrucción de imagen copiadas de la inteligencia militar. Como las que usa Donald Trump para destruir a sus rivales demócratas. Como las que usó Roger Stone, el Montesinos norteamericano para poner a la prensa contra Hillary Clinton el 2016. ¿Están los seguidores de Trump en el Perú rescatando de la derrota electoral a partidos de colores llamativos, partidarios de que todo siga igual? ¿Se repetirán en el  Perú las campañas de odio, a lo Trump, como la de 2016, que nos sumieron en una crisis política que hasta hoy no termina?