OPINIÓN | Julio Schiappa: ¿”Peruzuela”?

"Nos ven como un país en grave peligro de convertirse en 'Peruzuela', como me dijo un periodista inglés, con muy mala leche, el otro día".
23 Diciembre, 2020
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En algún momento, a mediados del siglo XX, la política sufrió un cambio drástico.



Las ideas de nación, raza, religión, género, etnia y clase social han sido -a nivel mundial- reemplazadas por una concepción, más amplia e inclusiva, de quienes somos: simples ciudadanos. Esa es la identidad que une a todos. También en el Perú.

En el decurso de la caída del Muro de Berlín, hasta el de Trump e Israel, hemos construido muros en lugar de puentes. El resultado es el enfrentamiento violento de posiciones extremistas, absolutistas, supremacistas, sin diálogo posible. Las redes sociales multiplican, sin freno, este impulso destructivo de la cultura del diálogo democrático.


No podemos ponernos de acuerdo ni siquiera frente a una pandemia tan grave como la del Covid, que amenaza con el exterminio de nuestras vidas.

El Perú es hoy un país más moderno, globalizado, más urbano, y los impactos de las crisis políticas tienen inmediatas repercusiones económicas. Por eso, en el exterior nadie se explica cómo el “milagro peruano” neoliberal termina en un enredo político tan descomunal.

Nos ven como un país en grave peligro de convertirse en “Peruzuela”, como me dijo un periodista inglés, con muy mala leche, el otro día. Es que un país se puede volver una nación inviable en muy poco tiempo. Solo toma meses. El referente es Venezuela.

La crisis política, la falta de unidad nacional, de instituciones que generen gobernanza y ausencia de voluntad para unirse en torno a objetivos comunes, es fatal para los países. Los ejemplos sobran en América Latina. Por la izquierda, la crisis de Nicaragua y Venezuela. Por la derecha, la crisis de Chile y Brasil. El próximo podría ser Perú.

La lección es clara, si haces experimentos con la macroeconomía y atacas a las élites del capital, la ruina es segura, esa es la crisis de origen anticapitalista.

Si haces experimentos sociales, congelando 20 años en el sueldo mínimo a tus trabajadores, te exoneras de tributos abusivamente, creas regímenes laborales infames como las leyes Pulpín, igualmente te espera la protesta masiva.

Los jóvenes, que salieron a protestar desde el 9 al 14 de noviembre en el Perú, son parte de ese movimiento de resentimiento de la nueva política del siglo XXI. La gente defiende su identidad y dignidad como ciudadanos y consumidores. Algo nuevo e inédito que políticos y empresarios no entienden. Hay que entenderlo para no volvernos “Peruzuela”.