OPINIÓN | Julio Schiappa: “¡Mamita, el populismo!”

"Como toda volteada de tortilla tiene sus riesgos, sus excesos, pero no hay que despreciar las capacidades transformadoras del populismo".
24 Marzo, 2021
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¿Es el populismo la caricatura que pintan de él o constituye una expresión política legítima? Numerosas investigaciones y ensayos señalan exactamente lo contrario a lo que dicen, engolando la voz, algunos opinólogos que quieren asustar a la gente. La ignorancia es fecunda en prejuicios para sostener un poder de hecho, contra los que se alza el populismo enemigo de las élites, del sistema instituido y de los centros de poder que enajenan la autoridad de los estados.



El populismo nace en momentos de crisis y transformaciones sociales como una respuesta contestataria de reforma, en el caso del populismo de izquierda, o de conservación de valores como la seguridad y el nacionalismo en el caso del populismo de derecha. Dos buenos ejemplos de populismo en el Perú son el APRA en sus orígenes revolucionario y de izquierda, y el fujimorismo, un movimiento conservador populista. El populismo nace para resolver una crisis y representa a los descontentos, a los desplazados del poder, a los que sufren las intensas transformaciones que cambian las sociedades en proceso de cambio. En medio de la crisis más grande de nuestra historia, de enorme descontento con la clase política y la élite empresarial, el terreno está sembrado para movimientos de este tipo en el Perú.

En el campo político internacional dos ejemplos destacan: el Brexit como proceso que se inició como una revolución conservadora y nacionalista que llevó al poder a Boris Johnson y cambió la historia de Europa y el ascenso de Donald Trump al poder. Estas experiencias han tenido gran éxito político al reagrupar detrás de causas conservadoras a un importante sector de la población, cambiando la representación política y afirmando profundos cambios culturales.


Putin, Edorgan de Turquía, representan populismos autoritarios y nacionalistas. Pablo Iglesias y Podemos representan una versión populista de izquierda, al igual quizás Evo Morales y su república multicultural. Y todos estos líderes han llegado con la fuerza de los votos al poder. El populismo generalmente expresa mayorías y procesos de cambio de una era a otra, de ascenso de un sector social nuevo frente a la élite tradicional. Movimientos objetivos que ocurren en todo el mundo por la crisis de un modelo de capitalismo casino y democracias que no empatan con la gente. No son inventos de ideólogos ocultos en las sombras de la conspiración sino procesos legítimos de protesta detrás de un líder salvador.

¿Qué hubiera sido del Perú sin el APRA? ¿De Argentina sin Perón? ¿México sin Lázaro Cárdenas? ¿EE.UU. sin Roosevelt? Todos líderes populistas que derribaron los muros para crear nuevos pactos sociales que incluyeran a vastos sectores en los beneficios de la economía con estados de bienestar o pactos de desarrollo.

Los populismos interpretan intereses no atendidos en la sociedad, por ejemplo, la injusticia de un sistema de AFP obligatorias y sin control ciudadano, de una ONP que no sirve para sus afiliados, de bancos que no se diferencian de los asaltantes de caminos. Curiosamente, los populistas de derecha y de izquierda en las presentes elecciones representan opciones de cambio, distorsionadas y contra hechas, pero que demuestran que el próximo gobierno representará el cambio.

Como toda volteada de tortilla tiene sus riesgos, sus excesos, pero no hay que despreciar las capacidades transformadoras del populismo.

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