OPINIÓN | Julio Schiappa: “Los caminantes y la suspensión perfecta”

"Una línea para resaltar que el presidente Vizcarra ha salido a torear este toro, casi obligando a los presidentes regionales a hacerse cargo".
21 Abril, 2020
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En estos días, los pobres resucitaron con fuerza en el país, para hacernos ver que existen, que allí están, que son la mayoría, que son las principales víctimas de una pandemia sin freno, aún. Los Caminantes son la punta visible de esta crisis.



Lo conmovedor del mensaje de Los Caminantes, es su radical, hasta ingenuo, testimonio. Se van caminando, en el frio y el sol, hasta Tarapoto o Apurímac, reviviendo un Camino Inca de desesperadas gentes.

No están dispuestos a rendirse y apelan a sus derechos ciudadanos presionando, con el escándalo mediático de su sufrimiento, a varios de sus presidentes regionales.


Reclaman, con el mito de volver a su tierra, lo insolente que ha sido el centralismo con ellos, dicen que prefieren volver a sus chacras, con honor, que seguir en Lima que los despide y desaloja, dejándolos al hambre en las calles de la gran ciudad.

Una línea para resaltar que el presidente Vizcarra ha salido a torear este toro, casi obligando a los presidentes regionales a hacerse cargo. El tamaño de este boche asusta, solo a Cajamarca quieren volver 33 mil personas.

Los Caminantes, como los ha bautizado la policía con gran ingenio, son migrantes internos por motivos económicos y simbolizan la falta de justicia social en nuestro país.

Doble injusticia la sucedida con ellos, por un lado, los despiden, y por el otro, los terratenientes urbanos los echan de cuartos y departamentos en los barrios populares.

El ministro de Vivienda no dijo ni pio, ni el alcalde de Lima, ni el arzobispo de la ciudad, que se supone sigue al papa Francisco con gran devoción.
Nadie atinó tampoco a decir pio con relación a la sibilinamente denominada Suspensión Perfecta de Labores, que ha servido de mecha para encenderle la pradera al 42% de la fuerza laboral que quedó sin trabajo.

Los pequeños talleres informales, restaurantes, bodegas, supermercados, negocios de mil oficios, teóricamente no debían aplicar la norma que está pensada para los grandes negocios.

Mal ejemplo el de la ministra de Trabajo, quien, recién cuando la gente está en la calle se animó a decir que las empresas no pueden despedir si van a recibir apoyo en créditos avalados por el gobierno. Perversa y torcida manera de manejar las cosas.