OPINIÓN | Julio Schiappa: Identidad y dignidad en el Valle de Tambo

Tía María es un problema claro de identidad, demanda de dignidad y lucha política atizada por el resentimiento.
11 Septiembre, 2019
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La identidad es el origen de la mayor parte de los conflictos sociales contemporáneos, según el escritor y politólogo norteamericano Francis Fukuyama. En un revolucionario libro, este autor,  afirma que la demanda de dignidad y las políticas de resentimiento son la clave para entender la política actual. Los ejemplos sobran en el Perú.

Uno es el Arequipazo de junio 2002, motivado por el caso de la privatización de la empresa EGASA, administradora del agua potable en Arequipa. Era el 2002 y Alejandro Toledo había declarado, tanto en la campaña electoral como en visitas a la ciudad, que el agua seguiría en manos públicas. Sin embargo, a sugerencia de los sectores neo conservadores de su gobierno, el héroe de los 4 Suyos emprendió la ruta contraria para inocularle capital privado al servicio. La reacción fue un monumental paro regional, la muerte de un ciudadano y una conflagración con todas las calles llenas de piedras y hasta barricadas en algunos puntos de la ciudad. Se inició una difícil negociación que enfrentaba al Frente Amplio de Arequipa y al gobierno toledista.

En una impresionante reunión final de la negociación, hubo la oferta final del gobierno: se le daba al pueblo de Arequipa en obras públicas una suma de 80 millones de dólares, casi idéntica al costo de EGASA. Los negociadores del Frente rechazaron la solución monetaria del conflicto. El alcalde Guillén, luego presidente regional, señaló que “esto ya no es un problema de dinero, ni de agua, esto es un problema de patriotismo y dignidad”. Traducía lo que sentía la ciudad que identificaba el antipatriotismo con la ola de privatizaciones que podía venir luego. El Arequipazo había dejado de ser un conflicto solo social para convertirse en uno de dignidad e identidad. Y ese, según Fukuyama, es el punto de partida para entender muchos de los conflictos que atraviesan países como el Perú.

¿No ocurre lo mismo con Tía María? Este pequeño pueblo de 2,500 familias y un valle con 20 mil trabajadores se ha vuelto un foco de resistencia civil y violenta contra una empresa que ha gastado millones en campañas publicitarias y promoción social.

Lo que pocos recuerdan es la historia previa al conflicto actual. La empresa Southern inundó con los polvos tóxicos de su refinería de Ilo todos los valles agrícolas de las regiones Arequipa y Moquegua. Esto duró 50 años lanzando un mensaje de falta de respeto a los agricultores de la región, a quienes ningún gobierno defendió. Esto, probablemente, sirvió para que los agricultores afirmen la identificación con su estilo de vida y generó una política de resentimiento. Además, la actividad agrícola emplea a 20 mil personas, la agricultura es exitosa y promete volver al Valle de Tambo y sus pampas aledañas en otro núcleo de la imparable agroindustria peruana. Razón de más para negarse a confiar en la empresa que han detestado por 50 años.

Tía María es un problema claro de identidad, demanda de dignidad y lucha política atizada por el resentimiento. No es un mero conflicto social, es una batalla por la identidad de una comunidad agraria que se resiste a ser minera.