OPINIÓN | Julio Schiappa: “De Harvard a Tacabamba”

"La gran verdad es que Castillo no tiene la mayoría de Humala, pero sí expresa la protesta y el descontento de esos votantes en busca de representación".
14 Abril, 2021
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Un breve encuentro entre varias personalidades peruanas, convocadas por la Universidad de Harvard y por Steven Levinsky, resulta iluminador sobre el resultado de las elecciones que han puesto en el centro de la atención a Pedro Castillo, el profe que, lapicito en mano, se ha propuesto borrar las injusticias en el Perú. Y claro, ha convertido a su pueblo de Tacabamba en una suerte de capital moral del país.


Gracias a Dios que este debate no se dio solo entre peruanos, Levinsky al más puro estilo gringo, estuvo más duro que los conductores del Debate Presidencial en Perú. El resultado conciso y preciso valió la pena.

Estuvieron Julio Vergara, María Antonieta Alva, Marisa Glave, Salvador del Solar. Gente enterada. Pero no necesariamente conocedores de la realidad social que hizo esclosionar el fenómeno del lapicito.


Julio Vergara, muy acertado, dijo que los partidos y líderes políticos del Perú eran grupos tribales, que peleaban por la posesión de territorios de poder y no buscaban el bien común. Ese estilo tribal no consolidaba liderazgos de largo plazo y se basaba en una competencia infinita por territorio político, sin conseguir negociar intereses diversos y menos aún consolidar organizaciones. Eso, dijo, “pulveriza” la representación política. El subproducto de esta manera de hacer política era la bancarrota total de la confianza. La esencia del problema de la política peruana sería la falta de confianza.

Precisó, adicionalmente, que la bancarrota era política y también moral. Dijo que la moral era una categoría que él no mencionaba con frecuencia en sus análisis, pero que los factores de corrupción, deslealtad con el bien común y el país, era de tal magnitud que entraban en violaciones a las reglas más elementales.

Respecto al fenómeno de Castillo, dijo que era exactamente igual al de Humala 2006 y 2011. Un catalizador del voto de las masas andinas y los olvidados del país, una promesa de cambio que se frustró. Producto de la pandemia y la crisis económica, la historia regresa al mismo lugar: sigue el olvido de las regiones, la desigualdad, los pésimos servicios públicos. La gran verdad es que Castillo no tiene la mayoría de Humala, pero sí expresa la protesta y el descontento de esos votantes en busca de representación.

Lo que quedó claro para todos es que se abre un inédito proceso político en que depende de las capacidades negociadoras de Pedro Castillo para que su proyecto reformista logre abrirse paso frente a un Congreso donde Keiko Fujimori y la derecha, con solo 44 votos, podrían impedir la aprobación de Leyes para gobernar el país. 

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