OPINIÓN | Julio Schiappa: “Campañas fracasadas”

"Montesinos lo volvió un psicosocial al estilo Trump, el chino era casi un Bolognesi en plena selva".
23 Septiembre, 2020
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No se habla mucho de las campañas que se pierden y casi siempre es porque un buen candidato o su equipo meten la pata. Azar o incompetencia, el elector no perdona.



El 13 de noviembre de 1983 ganamos las elecciones municipales de Lima gracias a un gran candidato, Alfonso Barrantes Lingán, y los errores de un buen candidato del APRA en ascenso, Alfredo Barnechea. Era un año de colapso social en el país, por un El Niño violento en el norte y una galopante pobreza en las poblaciones urbanas. Alfredo Barnechea, uno de nuestros periodistas e intelectuales más brillantes, amigo de Felipe González, recibió del líder socialista unos vinos de la Rioja para su matrimonio en el Convento de Desamparados del Rímac. ‘Frejolito’ le puso una chapa fatal al mejor candidato que el APRA ha tenido para la alcaldía de Lima: lo llamó “el príncipe”, en un programa televisivo de gran audiencia.

Destruyó la credibilidad de su rival como representante de las mayorías. Fue peor que el chicharrón 2016. Barrimos. En 1998, en un debate en la UPC, en donde Andrade debatía con el delfín de Fujimori, Jaime Yoshiyama, candidato a la Alcaldía de Lima. Este candidato negaba la necesidad del Tren Eléctrico, que Alan García había dejado inconcluso en su primer gobierno. Le pusimos una treta: apoyar el Tren Eléctrico para que Yoshiyama defendiera la importación de autos usados por Tacna, que era una solución antitécnica y señalada como un negociado. El delfín cayo redondo, y Andrade lo pulverizó. Subimos 9 puntos en las encuestas con el debate y llegamos a ganar un segundo periodo en la Alcaldía de Lima. La credibilidad de Yoshiyama quedó sepultada.


En 1994, don Javier Pérez de Cuéllar, pese a que nunca se le presentaron los estudios de opinión, que señalaban que no iba a ganar, aceptó el reto de una campaña por amor al Perú. Un conflicto bélico en la frontera norte con Ecuador, que crearon un furor patriótico extraordinario llevó al candidato de UPP a suspender su campaña en ascenso. Montesinos lo volvió un psicosocial al estilo Trump, el chino era casi un Bolognesi en plena selva. Perdimos la elección al reiniciar la campaña, la credibilidad de la candidatura fue debilitada.

Las campañas son una expresión teatral de la vida humana. Y no hay gurúes que la salven de errores del candidato, ni menos del azar, ese gran e inesperado agente de la historia política.