OPINIÓN | Juan Quiceno: La revisión de los fondos de pensión, una necesidad revelada por la pandemia

"Algo que justo en este tiempo parece superpuesto. Es un hecho que las políticas de fondos de pensión necesitan una revisión".
29 Abril, 2020
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El Desde hace años a mi mamá le preocupa el no tener un fondo de pensión para afrontar su vejez con tranquilidad. Siempre fue una trabajadora independiente y vivirá solo de sus ahorros.



Sus preocupaciones son las mías. Sin embargo, la crisis que ha provocado el coronavirus me ha ayudado a ponerle en claro que la cuestión confunde la realidad de la vida con la economía.

Algo que justo en este tiempo parece superpuesto. Es un hecho que las políticas de fondos de pensión necesitan una revisión. Aunque, valga la aclaración, no solo porque se necesita revisar el modelo económico y político sobre el que se sostienen el manejo de los fondos de pensión, sino además porque revela algunas injusticias y expectativas falsas sobre el futuro.


El coronavirus puede atacar a cualquiera, pero es claro está más empecinado con los adultos mayores. Conveniente o no, probablemente todas
esas personas recibían un dinero por parte del Estado o de fondos privados como fruto del ahorro de toda una vida y la muerte les llega sin
preguntarles cuánto han podido gozar de ese beneficio.

En el caso del Perú, donde vivo actualmente, losempleados pueden elegir entre un fondo público y fondo privado. La situación es compleja en ambos casos. Por un lado, los fondos privados son un gran negocio.

Los aportes a la pensión tienen un porcentaje que puede ser utilizado para inversiones. El fondo privado cobra una comisión por la administración, pero además gana cuando las inversiones que hace a título de sus clientes crecen en valor.

Esa dependencia de la bolsa las convierte al día de hoy en un fondo altamente vulnerable. Todos los que tienen aportes en esos fondos, ahora mismo han perdido un porcentaje considerable de dinero.

Piden mantener la calma, pero está visto que el sistema ha revelado su punto más flaco. Por otro lado, el Estado ofrece una rentabilidad menor – algunos dirían miserable – por una seguridad mayor.

No obstante, el empleado aporta al Estado corre el peligro de estar a merced de las políticas públicas que cuando cambian de mano, cambian de modelo y ponen en riesgo el sueño del retiro pagado.

Denunciar los atropellos del sistema público en este ámbito sería reiterativo y va más allá de nuestras intenciones. Ahorrar para el futuro es parte del día a día del trabajador medio y ante esta situación algunas ideas.

En primer lugar, el aporte de las pensiones es algo bueno. Parece correcto pensar en el tiempo en que ya no se puede trabajar por los motivos que sean y, además, en dar espacio a que otros más jóvenes también ganarse un lugar en la sociedad.

Ese esfuerzo del aporte implica un grado de formalidad que es necesario para todos, pero que como la crisis revela, debe mantener un grado de libertad y sentido común.

Por un lado, los dolorosos descuentos del mes a mes tienen una razón de ser. Por ello, es sumamente triste e indignante cuando el gobierno roba sin desparpajo, pues, la salud, la educación y el orden público son los primeros elementos que se resienten ante las crisis.

Por otro lado, en mi opinión personal, ese dinero es un ahorro de los ciudadanos y no es justo que no puedan echar mano de este cuando los necesitan. En segundo lugar, parece que la crisis nos está revelando las cosas importantes de la vida. Ojalá aprendamos la lección.

En consecuencia el sueño de mamá se cumplirá de otro modo: con sus ahorros, buenas prácticas y el apoyo de sus hijos. A los más jóvenes nos tocará luchar por construirun Estado menos corrupto y más centrado realmente en el bienestar de sus ciudadanos. El individualismo no es una buena filosofía. Si todos no colaboramos, no habrá futuro para ninguno.