Opinión | Jorge Tineo Rendón: Supertramp, desayuno americano que cumple 40 años

18 Noviembre, 2019
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Roger Hodgson y Rick Davies tenían una relación muy complicada: aunque musicalmente se complementaban a la perfección, tenían visiones y estilos de vida diametralmente opuestos. Hodgson provenía de una familia acomodada y era metódico en sus hábitos, de costumbres reposadas, espirituales. Davies, por su lado, pasó épocas difíciles antes de dedicarse a la música y era impulsivo, rudo y metido en la onda rockera de desenfreno ilimitado.

En 1978, un periodista de Melody Maker pasó tres días en el estudio mientras grababan y mezclaban su sexta producción discográfica, Breakfast in America (lanzada en marzo de 1979) y, en su artículo, aseguró que nunca los vio conversar juntos más de cinco minutos y que solo intercambiaban cordiales “buenos días”, “hasta mañana”, como dos oficinistas que se saludan fríamente, casi por compromiso. No siempre fue así.

Los temas de este disco poseen estructuras ordenadas y coherentes, sonido limpio, elegante y, por momentos, genial. Un álbum que tiene todo para ser progresivo y, sin embargo, contiene elementos que lo hacen sumamente accesible, características que lo convirtieron en uno de los más vendidos de todos los tiempos.

Los pianos acústicos y teclados Wurlitzer de Davies y Hodgson, presentes en toda su discografía, alcanzan aquí un refinamiento superlativo. En cuanto a las armonías vocales, el tono grave de Davies se combina con la voz aguda de Hodgson, y ambos juegan con falsetes, recuerdan a los Bee Gees, complementados por la delgadísima voz del saxofonista John Helliwell.

Mientras, Bob Siebenberg (batería) y Doug Thomson (bajo) proveen una base rítmica que aporta melodía y sobriedad en los temas suaves –Lord is it mine, Casual conversations– y lanza ataques redondos en los más fuertes –Just another nervous wreck, Goodbye stranger, Gone Hollywood o la alucinante Child of vision, que cierra el disco.

Los grandes éxitos de este disco son, por supuesto, Breakfast in America y The logical song, canciones que uno se cansa de escuchar. Los teclados de Hodgson, autor de ambas, son nerviosos y compulsivos, y las letras contienen planteamientos casi filosóficos acerca de la vida, la juventud, la personalidad. Los otros dos cortes firmados por Hodgson son Take the long way home, una excelente canción de nostalgia por el hogar; y Lord is it mine, tierna composición romántica que suena a reflexión religiosa. Su afilada guitarra se exhibe en dos temas compuestos por su compañero y rival, Rick Davies: Goodbye stranger –otro megaéxito de este album– y Just another nervous wreck. Davies también rubrica además Casual conversations, balada jazz al piano y Oh darling, que recuerda a From now on, de su álbum anterior Even in the quitest moments…, de 1977.

En la carátula, una risueña camarera sostiene una bandeja de desayuno imitando la postura de la Estatua de la Libertad, mientras que al fondo se ve un parque formado de diversos objetos de cocina, una sátira no intencional al consumismo norteamericano.