OPINIÓN | Jorge Tineo: “José Luis Perales: El Patrón de la Ternura”

El español, además, se las arregló siempre para ofrecer una versión mucho más creíble y cercana del baladista en nuestro idioma.
18 Mayo, 2020
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Hubo un tiempo en que los niños, cuando encendíamos la radio -mejor dicho, cuando a nuestros oídos llegaba lo que nuestros padres escuchaban al encenderla- entrábamos en contacto con historias adultas que no entendíamos del todo pero que impactaban nuestra naciente sensibilidad.



Inexpertos en cuestiones de pareja, las melodías suaves, los versos consonantes y las emociones iban formando una cultura sentimental que, ya de
adolescentes, encontraría sus propias maneras de expresarse.

José Luis Perales (Castejón, 1945) fue una de las voces más importantes de esas épocas hoy desaparecidas. Durante los setenta y ochenta, sus baladas conquistaron corazones y educaron a toda una generación en aquel romanticismo profundamente humano que a nadie parece importarle en estas épocas grotescas de reggaetón, latin-pop y farándula.


El español, además, se las arregló siempre para ofrecer una versión mucho más creíble y cercana del baladista en nuestro idioma. Sin mayores aspavientos vocales ni disfuerzos en escena, Perales era el vecino de al lado contando sus anécdotas -o de otros-, confiándonos sus sueños, haciéndonos llorar con sus canciones de Navidad.

Títulos como Un velero llamado Libertad (1979), La primera vez (1986), Sí… (1976), Te quiero (1981), Y tú te vas (1975), Ella y él (1981), Me llamas (1979), Tentación (1984) y tantos otros -escritos e interpretados por él-, constituyen un cuerpo de trabajo intachable, anclado en la idea de que
es posible vivir la experiencia amorosa -tanto en momentos buenos como malos- con sentido estético y sin segundas intenciones.

Y las canciones que firmó para otros -Por qué te vas (Jeanette, 1974), Marinero de luces (Isabel Pantoja, 1985), Brindaremos por él (Massiel, 1985), Morir de amor (Miguel Bosé, 1980), son algunos ejemplos- permanecen también en la memoria colectiva como símbolos del romance musical que todos, alguna vez, hemos incorporado a nuestras vidas.

La ternura fue, más que cualquier otra emoción, su principal insumo para componer. Esto queda demostrado no solo en aquellas historias de amores eternos, imposibles o rotos, sino también en las dulces letras de canciones como Dime o Que canten los niños, cuyas regalías donó a la institución global Aldeas Infantiles SOS, asociada a Unicef.

Perales lanzó, en noviembre del 2019, un álbum titulado Mirándote a los ojos, primera línea de ¿Y cómo es él?, su canción más conocida –incluida en Entre el agua y el fuego, su octavo LP de 1982-, con versiones nuevas de 35 canciones de su repertorio divididas en 3 discos: Recuerdos, Retratos y Melodías perdidas.

El boxset incluye un DVD con una amplia entrevista sobre su trayectoria artística. Una gira de despedida, que debería haber comenzado este mes, fue suspendida por el Coronavirus.

Ahora que están tan de moda los “Patrones del Mal” –narcos, proxenetas y asesinos elevados a la categoría de héroes- y que el mundo como lo conocimos se cae a pedazos ante nuestros ojos, no nos vendría mal tener un “Patrón de la Ternura”. Propongo a Perales para tan importante cargo.