OPINIÓN | Jaime Salomón: “2020, el año perdido”

"El 2020 se encargó de que visualicemos las carencias de nuestra clase política, desvistiendo las diversas acciones de incapacidad".
26 Diciembre, 2020
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La COVID-19 ha generado enfermedad y muerte, pero no ha sido lo único con lo que los peruanos tuvimos que lidiar; se le sumó al virus invisible: la pandemia económica y la pandemia política.


La primera trajo consigo la pérdida de empleo, el quiebre de empresas, la disminución en el poder de consumo, la caída de las inversiones, la recesión y depresión económica. Mientras que la segunda nos permitió desenmascarar a muchos personajes, logrando identificar en ellos la mentira como uso y costumbre habitual. Este año no hemos tenido mucho para festejar; camino al bicentenario el país tuvo tres presidentes en apenas diez días, lo que generó una crisis de gobernabilidad.

El 2020 se encargó de que visualicemos las carencias de nuestra clase política, desvistiendo las diversas acciones de incapacidad. Capaz fue el año de los desenlaces de la novela que inició el 2016, entre Legislativo y Ejecutivo, pero como consecuencia de la falta de personas preparadas y con experiencia de los últimos 20 años.


Para ganar la batalla a las pandemias política y económica los peruanos debemos elegir bien, entre lo verdadero y lo falso, porque solo así podremos aspirar a tener un gobierno y un Congreso de verdad, que sepan dirigir las riendas de nuestro gran país.

Que las protestas son válidas y la población se encuentra harta de la indiferencia de los políticos de turno es verdad. Parlamentarios que una vez electos olvidaron que representar a sus votantes y a los peruanos es una de sus obligaciones.

Lo que sí merece análisis es que en medio de estas circunstancias se infiltren aprovechadores que fomenten intereses personalísimos y particulares, azuzando a los manifestantes en contra de las necesidades nacionales.

Lo construido por muchos años ha sido descuidado en pocos meses; se perdió el principio de autoridad, el uso de la razón y del criterio.

No podemos permitir que el barco se hunda; es momento de reaccionar, despertar y levantar nuevamente la bandera de la esperanza, en búsqueda de un país desarrollado y con igualdad de condiciones para toda la sociedad.

Vistámonos de peruanidad y estemos todos dispuestos a hacer el bien, por la patria; el futuro de nuestras generaciones dependerá de lo bien informados que estemos para poder asignar un voto responsable el próximo 11 de abril.

Elijamos mejores autoridades, mejores peruanos, pero peruanos de verdad.