OPINIÓN | Jaime O. Salomón: “Fidelísima y noble ciudad”

"Esperemos que Arequipa, entonando su himno, renueve pronto los laureles del ayer, para que siga siendo partícipe de los “buenos” procesos históricos del Perú".
16 Agosto, 2020
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Imponente tierra de grandes virtudes y cuna de mentes brillantes que han hecho y siguen haciendo tanto por el país, dejando su imponente huella en la historia del Perú.

Hace 850 años el Inca Mayta Qhapaq a su paso por la zona, quedó maravillado por su belleza, ubicación geográfica y estratégica que representaba seguridad ante cualquier ataque foráneo.

La denominó Ari-quepay (quedémonos aquí) y dio vida a varios caseríos como, por ejemplo: Cayma, Characato, Tiabaya y Socabaya. Con el paso del tiempo se convirtió en una parte importante del eje comercial.

Fue el 15 de agosto de 1540 que nació la “Villa Hermosa de Nuestra Señora de Asunta”. Un año después, el rey Carlos V le asigna el grado de “Ciudad” bajo el nombre de Arequipa. 34 años más tarde, el virrey Toledo le entrega la denominación de “muy noble”.

En 1805 le es agregado el rótulo de “fidelísima” por -como explica el historiador Zegarra- su ubicación y porque sus ciudadanos siempre estaban activamente relacionados con la vida pública.

Si bien Arequipa se convierte en departamento hace 198 años, sus 480 años de historia demuestran que los arequipeños siguen teniendo participación activa e injerencia en el quehacer peruano, y desde todos los rincones del país.

Arequipa dio y sigue dando grandes políticos, presidentes del Perú, artistas y profesionales en diversos campos de la ciencia; no quedan atrás los levantamientos, movimientos y partidos políticos.

Esperemos que Arequipa, entonando su himno, renueve pronto los laureles del ayer, para que siga siendo partícipe de los “buenos” procesos históricos del Perú.

Este año las celebraciones virtuales estuvieron llenas de remembranzas de las actividades de antaño. Con más de 73 mil contagiados, con la bandera de la ciudad a media asta y con las familias de autoridades repartiendo “donaciones”, no sabemos si llorar a los deudos o por nuestras autoridades.

Sí; el gran problema sigue siendo las autoridades que, por el bajo nivel de liderazgo y competencias, y con la bandera de la conveniencia económica generan ruido político que termina dejando a “vela suelta” el rumbo de nuestra noble Ciudad.

Y ese efecto se aprecia a nivel nacional, empujándonos a una creciente incertidumbre y profundos desequilibrios económicos y sociales; por lo que se hace indispensable que las autoridades se preocupen por la gobernanza de la región y del país. Trabajemos por el Perú.