OPINIÓN | Jaime O. Salomón: “Congreso sordo”

"... qué parte no han entendido los congresistas, cuando todas las mediciones y opiniones ciudadanas los califican como el peor Congreso de los últimos 30 años".
13 Diciembre, 2020
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Dentro de la realidad peruana y de lo que la población señala, es necesario preguntarnos qué parte no han entendido los congresistas, cuando todas las mediciones y opiniones ciudadanas los califican como el peor Congreso de los últimos 30 años.



Qué parte no han entendido sobre que en 120 días serán elegidos nuevos congresistas y, que deberían ya dejar de tomar “grandes decisiones”.

Qué parte no entienden sobre que los peruanos no quieren más medidas populistas y engañosas. Acaso no escuchan el pedido de todos los peruanos, que a gritos piden que no legislen más, dado que cada vez que lo hacen… lo hacen mal.


Este Congreso, definitivamente sordo, acaba de aprobar la eliminación del CAS. Esto significa el pase automático de más de 300 mil trabajadores estatales a un régimen permanente que genera un incremento automático del 25% del costo de la planilla estatal (el costo pasaría de S/ 9,000 millones a S/ 11, 530 millones anuales). Además, sin planificación, en plena pandemia y crisis económica, atentando contra la meritocracia y la igualdad de oportunidades que debe primar en el Estado. Esa decisión llevará a que esas 300 mil personas “entren sin concurso público y de manera indefinida a trabajar en el Estado”, lo cual vulneraría la Constitución, tal como lo señala la Autoridad Nacional de Servicio Civil.

Evidente que el Estado es un mamut, pesado, lento y caro; que, a diferencia del predecesor de los elefantes, en este caso aparentan ser menos inteligentes. También se sabe que el Estado es un lugar dónde, a través del tiempo, ciertos partidos políticos han “insertado” a muchos operadores políticos.

Piensan por alguna razón que se les hace necesario darle estabilidad a ese verdadero ejército de operadores políticos. Esta decisión no solo incrementa el costo de la planilla estatal, sino que lamentablemente garantiza la continuidad indefinida de la incapacidad y la falta de gestión del Estado.

La colisión de lo verdadero con lo falso nace de lo debido e indebido. En lugar de buscar un Estado ágil y capaz, unos sostienen un Estado fallido, más grande e incapaz. Esta medida, netamente populista, va en contra de lo que espera y reclama la ciudadanía, que es: mayor eficiencia, gente capacitada y menos corrupción.

Vivimos tiempos difíciles. Enfrentamos 189 conflictos sociales por la falta de capacidad para detectar los problemas y darles solución. La ciudadanía quiere que se vayan todos los artífices de ese tipo de decisiones, que muchos se han caracterizado por falta de capacidad y simple sentido común.

Ideal que actúen con sensatez y que no permitan que estas medidas prosperen. Además, que el señor

Sagasti como presidente de transición use su derecho de no dar estabilidad indefinida a los miles de operadores políticos enquistados en el Estado; donde algunos personajes tienen por función el obedecer intereses.

El Perú requiere de un Estado capaz, con servidores públicos competentes y en cumplimiento de su función. En pocas palabras,  necesitamos a gritos un Estado de verdad.

Trabajemos por el Perú.