Opinión I Miguel Humberto Aguirre:”Los abuelos sin nietos”

Ambos reclamándose presencia y preguntándose  con un ¿por qué no vienes?. Surge la pregunta en las más terribles de las angustias.
18 Mayo, 2020
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“Estoy aburrida”.Perdí la cuenta cuantas veces lo escuché en estos sesenta días. “Estoy aburrida”. Lo pueden decir en San Borja, San Martin de Porres, San Isidro o Chiclayo.

Se lo escuchamos a Marcelo, a Rafaela, a Miguel, a José Francisco, a Iván, a Sofía y a los cientos de miles de niños encerrados repitiendo “estoy aburrida/o”. Y tienen toda la razón. Están en su derecho. Los temas, para llevar adelante, ya se terminaron y hay “imbéciles adultos” faltando a su responsabilidad saliendo a LA CALLE. Inventándose autorización para abandonar el hogar y buscar la enemiga silenciosa. Jamás piensan en aquel encerrado  que tenemos en nuestra casa, y también en la del vecino. En las zonas norte y sur.

Una de estas tardes escuchaba el diálogo entre un par de abuelos – ella y él – y sus nietos telefónicamente. Ambos reclamándose presencia y preguntándose  con un ¿por qué no vienes?. Surge la pregunta en las más terribles de las angustias.

Muchos padres y madres se quejan de lo que dejamos hacer los abuelos, y le permitimos a nuestros nietos, y comparan las educaciones de ellos con los de sus hijos. Se lo escuche a un abuelo: “a los hijos se les enseña, a los nietos se les malcría”. Los abuelos, en demasiadas oportunidades, son las vitaminas de sus nietos y allí surge un cariño entrañable.

La hija de un amigo, un día cuando le preguntaron que  “era su abuela para ella”, miró al preguntón y, sin dudar, instantáneamente expresó: “mi ángel”. Todo eso hemos perdido con “esta hija de pe..”,(no piensen mal, me refiero a la “pe” de pandemia) la coronavirus no solo nos alejó por la vida, también por el amor existentes en esos dos grupos humanos separados por tantos años. Unos con canas, otros con tremendas pelucas y ellas con trenzas francesas.

Los aparatos modernos nos acercan “envasados” pero el corazón, por ambos lados, palpita agitadamente. Cuantas veces escuchó aquello de “estoy aburrida”, en las “cárceles obligadas” a las que se ha sometido a los nietos separando dos amores más allá de la vida.

Me sumo.