Opinión | Eduardo González Viaña: El Perú en el juego del mundo

23 Octubre, 2019
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Hace tres días me dieron en Boston el premio que me reconoce como ‘Novelista del Bicentenario’, y mi discurso de aceptación dio la vuelta al mundo.

A muchos les gustó lo que yo decía. Sin embargo, lo que le encantó a una bella lectora de Facebook fue la manera “en que al terminar de hablar, diste el salto final del juego del mundo”.

Se refería a la Rayuela y, en mi caso, a que luego del discurso, no vi la escalera y no bajé por ella sino que di un salto de más de un metro en el vacío, y caí perfectamente como un gimnasta.

Le explico que eso se debe a que nado, corro y hago gimnasia todos los días a las 6 de la mañana, y por eso estoy acostumbrado a levantarme. Le recuerdo que aquí cerca, en Harvard, no se puede recibir un título sin probar que uno es un buen nadador.

Y esa explicación me ayuda a completar lo que dije:

“EN ESTA FERIA DEDICADA AL PERÚ –señalé– me siento más que nunca orgulloso de ser peruano. En mi país, un presidente decidido y un pueblo valiente han clausurado una viciosa herencia de la dictadura, un Congreso que solo ha servido para amparar a los corruptos”.

Y añadí: “Quisiera, además, que se acabara con este estado de guerra que persiste luego de haberse terminado el siglo pasado el conflicto interno. Los derrotados de entonces han pasado 10, 20 o más años en la cárcel, y ahora a la mayoría de ellos se les niega el trabajo en sus profesiones.  Eso es perversidad. La perversidad y la corrupción son herencia de la dictadura”.

Mis libros no pueden borrar la explotación de los pobres, la corrupción de los poderosos, ni la tortura y el genocidio con que se suele reprimir la cólera del pobre y del justo. Mi literatura no va a cambiar al mundo, pero me impulsa a servir causas generosas y valores sin los cuales el hombre deja de ser hombre y la sociedad se hace insoportable.

Como cristiano practicante, amo la paz y quiero que reine sobre mi país. Creo que el Perú dio un salto mortal con un dictador infernal y varios presidentes cuyo mandato apesta, pero creo también que podemos dar el salto final y ser ejemplo del mundo.