Opinión I Eduardo González: Todos, todas, todes y LatinX

8 Octubre, 2019
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En 1993, cuando fui contratado por mi universidad, en Oregon, me llegó un largo cuestionario para llenar. En su cláusula de no discriminación, la institución declaraba que no hacía diferencias por raza, religión, origen nacional, ideología, sexo y un largo etcétera.

Por fin, me encontré con otra pregunta:“Diga usted a qué raza pertenece”. Sentí que eso era una contradicción, y no marqué opción alguna. En vez de ello, escribí: raza humana.

Ciertamente, los norteamericanos tienen una obsesión por la etnia. Sienten que deben mencionarlas todas y temen hacer una ofensa a quienes no están descritos en esos recuadros.

Por mi parte, declaro que nunca sufrí discriminación, que siempre fui bien tratado y que el parrafito era innecesario para mí. Me habría sentido discriminado si se me hubiera negado el salario, o la pertenencia al sindicato, por ejemplo, pero nunca fue así.

Otra más: el curso que debía enseñar se llamaba entonces “Latin American literature” o Literatura latinoamericana, en español. Pasó el tiempo y le cambiaron de denominación por la de “Latino-Latina literature”, o literatura de latinos y latinas. Ambas denominaciones son una aberración lingüística en los dos idiomas, porque:

 

1)   En inglés, los adjetivos no tienen género.

2)   En castellano el adjetivo “latinoamericana” se refiere a la literatura, y no a quienes la escriben o leen.

Por fin en estos últimos años se ha dejado esos motes para usar “LatinX literature”, o sea literatura de latinX. ¡Es tonto, o perdón tontX!

Todo esto tiene que ver con la reciente declaración de la Real Academia Española que descarta los usos innecesarios de “todos y todas” o del novísimo “todes”.

Los términos indicados son, según la RAE “innecesarios y peligrosos porque podrían generar más confusión a la hora de comunicar.

Estos cambios de nombre son impulsados por la creencia mágica de que los nombres evitan injusticias sociales. No, por favor, continuemos luchando para que las mujeres reciban igual salario que los varones y puedan llegar a los mismos puestos, y también breguemos porque nadie sea excluido, pero eso no se alcanza con palabras que, como vemos, son inventadas cada semana.

Así como no es necesario añadir “todas y todes” a nuestros conjuntos, tampoco creo que se sentirán ofendidos los hombres incluidos en algunas de estos recuadros: el poeto, el pianisto, el periodisto, el policío, el sindicalisto, el turisto y, Dios mío, me olvidaba, el machisto y el lingüisto.