OPINIÓN | Giancarla Di Laura Morales: “Yo leo a Marx, ¿y qué?”

16 Febrero, 2020
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La noticia corrió como fuego en pólvora en las redes sociales esta semana. Se reveló un oficio remitido por el jefe de la Dirección contra el Terrorismo (DIRCOTE) el pasado 12 de julio al decano de Letras de la Universidad de San Marcos, el Dr. José Carlos Ballón, exigiéndole la lista de participantes de un taller de “Introducción al Marxismo” dictado entre abril y mayo del 2019 en esa casa de estudios. Por añadidura, le pide los videos de las sesiones a fin de identificar quién dijo qué.

No deja de causar profunda consternación que nuestros servicios policiales se aboquen a la persecución de ideas dentro del ámbito académico. Para cualquiera que haya pasado por la universidad (pública o privada) un taller de “Introducción al Marxismo” es algo relativamente común.

Pero, ojo, que no estoy defendiendo ningún tipo de adoctrinamiento partidario ni mucho menos. El marxismo es una interpretación económica, filosófica y política de la sociedad industrial europea del siglo XIX, con un método materialista de entender la historia que permite explicar la dinámica entre las clases sociales y el sentido del capitalismo como causa de las desigualdades.

Desde un punto de vista cristiano, coincide en su búsqueda de justicia y de defensa de los desamparados y los explotados. Pero, como ocurre con todo gran pensador, habrá aspectos con los que una puede estar de acuerdo y otros con los cuales discrepar. Para eso es precisamente la universidad, para aprender a pensar críticamente y contribuir más adelante a solucionar los problemas del país.     La actitud de nuestra policía es incompatible con la libertad de cátedra y con la formación de nuestros jóvenes profesionales. Pensarán quizá que por el simple hecho de conocer a Marx los estudiantes se van a volver activistas, o peor, terroristas, cosa absurda para cualquiera que haya leído siquiera dos páginas de Marx.

Leer a Marx no le hace daño a nadie. Lo mismo que leer a Adam Smith o a Friedrich Nietzsche o a Sigmund Freud. “Un pueblo culto es un pueblo libre”, decía José Martí. Intimidar a los jóvenes y obstaculizar su aprendizaje solo puede llevar a grandes malentendidos. No dejemos que la barbarie resucite en el Perú.

(Aunque Dircote se disculpó luego echándoles la culpa a los fiscales, igual el clima macartista da para pensar).