OPINIÓN | Edwin Sarmiento: Cosas de la vida

Mi padre pertenecía a esa etapa auroral del Apra, sin imaginar que, años después, su partido habría de girar a posiciones conservadoras.
30 Agosto, 2019
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Me había olvidado de él. Han pasado quizás algo más de 60 años desde que llegó a mis manos, cuando yo era niño. Lo veo cansado y maltrecho. Debe de haberme acompañado como parte de mi equipaje en cajas de cartón en mis sucesivas mudanzas por casas y barrios de Lima, Puquio y Lucanas. Forma parte de mi vida, cómo olvidarlo. Y por él, también recuerdo a mi padre Roberto en sus afanes por defender su libertad, con el pelo revuelto y cansado de mucho correr. Y todo por sentirse aprista, hasta que murió siendo aprista, pero ya sin correr. En vida él solía cantar la Marsellesa por las calles solitarias de Lucanas. Y yo aún niño seguía sus pasos, con temor a que le vaya a pasar algo, porque en las madrugadas los policías lo correteaban por entre las piedras y los cercos de maíz tratando de llevárselo preso a Caravelí, a tres días de viaje a lomo de bestia. Cómo no recordarlo. He pedido a YouTube que permita acompañarme con los Campesinos y pueda entender mejor mi niñez escuchando las canciones de este trío cusqueño que nunca podré olvidar. Y vuelvo al folleto que ha motivado mis recuerdos. Es pequeño y tiene solo 62 páginas. Sus hojas se han tornado amarillentas y están dobladas en sus bordes. La carátula muestra el diseño de una hoz, sobrepuesta por la estrella con las siglas del Apra. Y debajo del escudo nacional se lee a modo de título La verdad sobre el Apra. Aprismo es comunismo. Luego se lee, como para que no existan dudas: Ministerio de Gobierno y Policía. Dirección de Publicidad, Lima-Perú. Es todo. No hay fecha de publicación ni está la imprenta que lo imprimió, pero sí el propósito de su publicación: “este folleto contiene una compilación de citas tomadas de las publicaciones de los propios sectarios, que demuestran palmariamente la realidad aprista. Esta realidad del Apra, vista a través de los escritos de sus líderes, constituye una prueba irrefutable de que el Apra no es ni peruana ni popular, es: COMUNISTA”.

Mi padre guardó el folleto en un baúl de cuero repujado y, con el tiempo, reapareció conmigo, entre mis libros de literatura. Y, peor aún, junto con mis textos de Marx, Engels, Sartre y Camus, como intentando refrescar una etapa de mi vida, la más dura. Gobernaba el Perú el general Manuel A. Odría, quien persiguió con dureza a los apristas y a quienes acusaba de ser terroristas. Y dispuso que el Ministerio de Policía y Gobierno publique el folleto, tomando citas de El Antimperialismo y el Apra y Por la Emancipación de América Latina, ambos libros primigenios de Haya de la Torre, publicados en 1936 y 1927, respectivamente. Mi padre pertenecía a esa etapa auroral del Apra, sin imaginar que, años después, su partido habría de girar a posiciones conservadoras, al extremo de convivir en alianza con quien los había perseguido tarde mañana y noche, traicionado por sus líderes en nombre del pragmatismo. Y él que solía cantar la Marsellesa, luego de terminar sus juegos de póker con sus amigos en Lucanas. Una vez, su compadre que había perdido el juego con él, lo acusó por venganza de ser aprista. A los pocos días, llegaron policías de Puquio, llamados también wayruros, por el color rojo de sus uniformes, para capturarlo por la madrugada. Advertida del hecho, mi madre despertó a mi padre, mientras trancaba la puerta con un palo de cedro, sin arredrarse, hasta que él trepó la ventana que conectaba con terrenos de sembrío, perdiéndose raudo en medio de la oscuridad.