OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Torre Tagle, testimonio de parte”

"La modestia y generosidad de José Torres Muga, así como las de Liliana, su esposa, también del servicio diplomático, me atraparon".
7 Abril, 2021
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Hará veinte años, cuando publiqué en Estados Unidos “Los sueños de América” (Alfaguara), un peruano de Patterson, New Jersey me escribió para preguntarme qué podía hacer para comprar mi libro.


No lo conocía yo. Supuse que se trataba de un compatriota inmigrante ilegal en esa “peruanísima” ciudad. Por teléfono compré el libro en la editorial, ubicada en Miami y les rogué que lo enviaran a Patterson.

Un mes más tarde, el mismo compatriota me envió otro email preguntándome qué podía hacer para ir a la presentación del libro en el Instituto Cervantes de Nueva York.


Le envié una invitación, pero en el fondo deseaba que no pudiera viajar.

Sabía yo que una buena porción de los peruanos de Patterson trabaja de forma eventual, y temía que el largo viaje en tren de ida y vuelta le quitara un día de salario a su modesta economía.

Meses más tarde, recibí un email del embajador español en Egipto. Me invitaba a dar un conjunto de conferencias allá y me decía que el evento era organizado por la asociación de los embajadores de países hispanoparlantes acreditados en El Cairo

Acepté. Luego del largo viaje, al llegar, me encontré con el embajador del Perú esperándome y ansioso de levantar mi maleta. Se lo agradecí. De acuerdo con el protocolo, le dije que la tarea de recibirme tendría que haber sido reservada para un funcionario menor.

—Llámame Pepe.– me respondió.– Además, nos conocemos.

No recordaba de dónde nos conocíamos.

El funcionario me reveló entonces que él era en realidad el peruano que yo suponía pobre y supuesto trabajador eventual de Patterson. En esa época él era nuestro cónsul allí.

La modestia y generosidad de José Torres Muga, así como las de Liliana, su esposa, también del servicio diplomático, me atraparon.

El año pasado publiqué mi novela histórica “El largo camino de Castilla”. La historia me había sido contada por mi amigo Miguel Palomino de la Gala en la época en que él era cónsul en Río de Janeiro.

Una de las presentaciones de mi novela fue en Canberra, Australia con once embajadores peruanos de Asia y Oceanía.

Y no es todo, pero es todo lo que les cuento en 400 palabras porque en el fragor de las luchas políticas, un candidato ha afirmado que Torre Tagle es una porquería. He pasado la mitad de mi vida en el extranjero, y tengo una impresión sumamente distinta.

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