OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “¿Tiene clase la clase política?”

"Todo lo dicho viene a cuento ahora que, hemos salido con las justas de un golpe de estado inferido por la llamada clase política".
25 Noviembre, 2020
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No aparece en el Diccionario de la Academia. No existe dentro de las ciencias sociales. Ningún otro glosario la consigna. Y sin embargo, hay mucha gente y periódicos que no dejan de hablar de una supuesta “clase política.”



Me dicen que el término nació en España. En una revista de chismografía, lo inventó un periodista “del ambiente” para incluir, entre condesas y modelitos, a cierto congresista cuya sonrisa enigmática y elegante vestido a rayas llenaban toda una página.

“Es un Adonis”, decía el diarista, y dejaba a un lado la posición ideológica y la línea para lanzarse a una loca y embelesada descripción física de su héroe.


Pudo haberse llamado orden, raza, condición, tipo, especie, familia o ralea, pero el escriba madrileño nos ha donado una supuesta “clase política”.

Para la sociología, esa frase es una aberración. La palabra “clase” indica una posición dentro del sistema económico. Ser dueño de los medios de producción u operarlos, recibir o pagar salarios es lo que diferencia a una clase de otra. ¿Qué tiene de clase la “clase política”? Absolutamente nada.

Talvez por haber sido el centro de un virreinato, el Perú es el más centralista de los países latinoamericanos, y esta tendencia –accionada por la “clase política”- es el tumor que hace metástasis en el vientre de nuestra democracia.

Las cúpulas de los partidos, instaladas en la capital de la república, designan todo lo que haya que designar. Son, la clase política de la clase política.

Son ellas las que nominan las candidaturas a todos los cargos sujetos de elección desde alcaldes hasta aspirantes al Congreso. Entre éstos, Lima determina quiénes van a ir en los primeros puestos de la lista, o sea los que necesariamente serán electos.

¿Puede llamarse democracia a un sistema en el que el pueblo recibe las cartas marcadas?

Siempre hemos concebido los partidos políticos como congregaciones en torno de una doctrina. Ahora lo son en torno de una persona, de un color o de unas siglas. En virtud de esto, hay candidatos sin orientación ideológica y vientres de alquiler que le sirven de partido.

Todo lo dicho viene a cuento ahora que, hemos salido con las justas de un golpe de estado inferido por la llamada clase política.

Clase significa también “categoría o ralea”, y el diccionario da como ejemplo: “espárragos de clase superior”. ¿Será esa la clase de nuestra clase política? Es muy posible.