OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Superman y el destino”

"Y, sin embargo, desde esta ventana del recuerdo, me digo que caminar es un milagro y que todo en nuestra vida lo es y que solamente hay que cerrar los ojos para saberlo".
16 Diciembre, 2020
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Luisa Lane acaba de morir en un accidente, y Clark Kent no sabe qué hacer frente al destino.


Lo recuerdo porque en diciembre se conmemora el Día Internacional de la Persona con Discapacidad, y porque Christopher Reeve, el actor que encarnó al superhombre quedó discapacitado en un accidente, y todo el resto de su vida se lo pasó luchando por la gente que sufre de esa forma. Creo que solo así el superhombre se convirtió en hombre.

Fue uno de los promotores de la “Fundación Americana de Parálisis”, sin imaginarse que 13 años después él tendría la misma condición de quienes defendía.


A la muerte de Luisa, nada servía, porque no hay forma de abolir el sufrimiento ni la muerte. Y, sin embargo, nuestro héroe no va a darse por vencido. Aunque nacido en otro planeta, es un hombre.

Clark Kent corre hasta la más próxima cabina de teléfonos para despojarse allí de su terno y de sus anteojos, y convertirse en Superman. Antes de que pase un minuto, alza vuelo en forma vertical hasta llegar a la estratósfera y, una vez allí, toma aliento, todo el aliento que tan solo puede tomar un hombre enamorado, y comienza a volar en círculo en torno de la Tierra, hasta superar la velocidad de rotación del planeta, y vuela tan veloz, con tanto amor y con tanta tristeza que puede superar al tiempo e incluso adelantársele… para después descender en picada cinco minutos antes de la muerte de Luisa, lo que le permitirá salvarla del peligro.

Tal vez esto no es cierto. Pero la propia vida de Christopher Reeve, el actor que hizo de Superman, ha sido un continuo desafío a no aceptar limitaciones de ninguna especie.

Hasta el día de su muerte, estuvo dando una temible batalla contra la fragilidad de la condición humana. Lo hemos visto en una silla de ruedas, moviendo la cabeza y los brazos con impulsos eléctricos y usando parlantes para que pudiéramos escuchar su voz. Tal vez Christopher nos ha enseñado que todos podemos transformar lo imposible en lo inevitable.

Christopher Reeve murió en 2005. Y, sin embargo, desde esta ventana del recuerdo, me digo que caminar es un milagro y que todo en nuestra vida lo es y que solamente hay que cerrar los ojos para saberlo. Y debe ser así porque mientras cerramos los ojos, allá arriba, más arriba de arriba, Superman viene volando.